El Ejército de Chile proclama que es la primera fuerza militar en el mundo en producir un informe de responsabilidad social

La Nacion.cl

Del verde oliva al verde ecológico

El comandante en jefe, Óscar Izurieta, acaba de presentar un informe que describe la realidad de la institución y enuncia sus preocupaciones ambientales y sociales. Es un esfuerzo que busca, como dijo el propio general, que el Ejército de los chilenos sea motivo de orgullo y pertenencia para cada uno de los que integran esta gran nación?.

El Ejército de Chile proclama que es la primera fuerza militar en el mundo en producir un informe de responsabilidad social. En la entrega del original reporte, esta semana, el ministro de Defensa, José Goñi, ratificó que, hasta donde alcanzaba su conocimiento, es, en efecto, una novedad planetaria. El Ejército se presenta ante el público, desde hace algunos años, como una gran empresa. Una paradoja en el momento en que hay tantas empresas que aspiran a parecerse lo más posible a un ejército. Abundan los textos sobre cómo aplicar las estrategias del chino Sun Tzu y del teutón Karl von Clausewitz, dos de los mayores teóricos de la guerra, a la despiadada batalla por la supremacía comercial. Los empresarios envidian el espíritu de cuerpo, la disciplina y lealtad que aprecian entre los uniformados. ¿Qué es entonces lo que atrae al Ejército de la organización empresarial? La respuesta corta es: el reconocimiento de la sociedad.

Las empresas generan riqueza, dan empleo y los resultados están a la vista. En muchos casos no son queridas, pero sí son reconocidas como indispensables. Para los militares, en cambio, el problema es que generan un producto llamado defensa que, como intangible, es muy difícil de evaluar. La paz con los vecinos puede deberse tanto a una efectiva capacidad disuasiva bélica como a la ausencia de voluntad de éstos por iniciar un conflicto. De todas formas, las dos variables anteriores no se excluyen. Desde hace mucho, los Estados establecen relaciones de poder y el factor militar contribuye a la proyección de los intereses nacionales. Los factores económicos, el desarrollo de infraestructura y la provisión de educación y salud son cuantificables, pero la defensa es algo remoto: es difícil precisar si para lograr la anhelada disuasión se requieren 100 ó 500 tanques.

UN ASUNTO DE CONFIANZA

Los militares saben que no son apreciados por un porcentaje de sus compatriotas. Por eso, desde hace diez años el Ejército comisiona una encuesta que contempla más de mil personas de Arica a Punta Arenas. El sondeo busca detectar los cambios de percepción del público hacia la institución. En la encuesta más reciente, realizada por Adimark en 2006, los resultados mostraron que el 59% de los consultados dijo tener mucha o bastante confianza en el Ejército, el 30% expresó poca confianza y el 11% manifestó no tener nada de confianza. Para una institución que se reclama de todos los chilenos, y que dice no hacer otra cosa que trabajar por el bien del país, es preocupante que un 41% de la población no le brinde su confianza. Los mandos militares, siempre muy conscientes de la historia nacional, saben que el pasado gravita con fuerza. Por ello han optado en forma decidida por recuperar el aprecio de toda la ciudadanía. En las palabras de presentación del reporte, el general Óscar Izurieta, comandante en jefe del Ejército, señaló: “Nuestra principal motivación al presentar este informe es transparentar nuestra gestión y acercarnos más a nuestros exclusivos y únicos mandantes: la sociedad chilena [ ]. El Ejército requiere indudablemente ser querido y valorado por la sociedad a la cual se debe y lo que no se conoce no se valora y, fundamentalmente, porque en la sociedad está nuestra base, nuestra raíz y sentido”. Un cambio telúrico en relación a la filosofía que rigió a los militares en tiempos de la dictadura, en que ser temidos aparecía como el objetivo principal. Del orgullo militarista con que se proclamaba la supremacía sobre los civiles, el Ejército busca hoy su plena aceptación. Para ello proclama su renuncia a toda discriminación religiosa, de género, étnica u otra.

Como resulta difícil explicar la utilidad cotidiana de un ejército, los asesores de imagen del alto mando castrense recurren al símil de una empresa. Cual compañía que realiza su road show para colocar acciones en el mercado, el “Reporte de responsabilidad social del Ejército 2006-2007″ expone: “Somos la empresa de bienes y servicios más grande el país. También realizamos exportaciones no tradicionales.

Nos debemos a los accionistas más importantes. Tenemos cobertura nacional y presencia global. Nuestra gente es altamente calificada.
Producimos seguridad y defensa, aportamos al desarrollo nacional y a la cohesión social. Estamos exportando paz a Haití, Chipre, Bosnia-Herzegovina, Medio Oriente y otros países. Respondemos a los 16 millones de chilenos. Somos una empresa muy especial al servicio de todos los chilenos”.

PREOCUPACIÓN AMBIENTAL

Más allá de los esfuerzos de marketing, el reporte es un avance doctrinario y efectivo para aclarar la realidad del Ejército. En los libros de la Defensa Nacional, editados por el Ministerio de Defensa, se emplean cifras del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos

(IIEE) de Londres. Y en su informe correspondiente al 2007, el IIEE señala que los efectivos suman 47.700. Pero el Ejército de Chile nos informa que, en realidad, son muchos menos, pues al mes pasado eran 38.527. Una reducción importante de los más de 70 mil con que llegó a contar. Hoy, la institución dispone de 3.702 oficiales, 15.586 cuadros permanentes, 2.470 soldados profesionales y 12.771 soldados conscriptos. El resto corresponde a empleados de diversas categorías.

La reducción de efectivos da credibilidad a los postulados de una modernización que apunta a contar con menos personal, pero más capacitado.

La preocupación medioambiental es asumida con fuerza por los soldados, algo que muchas empresas harían bien en imitar. La sustentabilidad se postula como un principio central de acción del Ejército. Para ello se conforman comisiones de medio ambiente en las divisiones y los regimientos, en las que participan comandantes, jefes de logística, de sanidad y monitores de medio ambiente. En el plano energético, ya ha comenzado un plan piloto para reducir en un 15% el consumo de energía en los regimientos San Carlos, de Ancud; Las Bandurrias, en Coyhaique,

y Arsenales de Guerra, en Santiago. Para lograrlo se dispuso un plan de racionalización de empleo de electricidad, iluminación eficiente, instalación de tragaluces para aprovechar la luz natural, mejoras del aislamiento térmico en nuevas construcciones, remodelaciones y cambio de horarios de trabajo. También se ha reforzado la gestión de residuos.

La protección de la biodiversidad y el cuidado de los glaciares asimismo figuran entre las preocupaciones castrenses. De hecho, el Ejército cooperó con la ONG Chile Sustentable, que dirige Sara Larraín, en la producción del libro “Glaciares chilenos: reserva estratégica de agua dulce”.

DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ

Un dato sorprendente es la rápida progresión de las mujeres en las filas: según el reporte, ya constituyen el 10,8% de la planta. Un porcentaje notable, pues las escuelas matrices ofrecen el 30% de las vacantes para las mujeres y el 70% restante a los hombres. En todo caso, la proporción de género ya es semejante a la de los países desarrollados, que fueron los primeros en incorporar a las mujeres a las filas y donde su participación es del orden del 11%.

La voluntad del Ejército de rendir cuentas por su desempeño al conjunto de la sociedad, y no sólo a las autoridades, es ejemplar, más aún porque proviene de una institución que solía contarse entre las más secretas del país. Recuerdo en una oportunidad, en los ochenta, haber solicitado el listado de los generales. Ello me valió, en primer lugar, un largo interrogatorio sobre quién era y para qué la quería, pese a que ya había sido publicada en algunos periódicos. En definitiva, nunca fue entregada. Desde aquellos días en que la opacidad era la norma, el tránsito hacia la transparencia ha sido mayúsculo. Otras reparticiones públicas deben estudiar el reporte para emularlo. Izurieta dice que está empeñado en que “el Ejército de los chilenos sea motivo de orgullo y pertenencia para cada uno de los que  integran esta gran nación”. Luego de cubrir los temas de defensa por muchos años, puedo decir que el “Reporte de responsabilidad social” es una importante ventana que se nos abre a la comprensión del Ejército de hoy. LND