PIÑERA: EL GOBIERNO DE LOS SIETE PROBLEMAS

  • DIEGO VRSALOVIC HUENUMILLA
  • Estudiante de Pedagogía en Historia, Geografía y Educación Cívica de la Universidad de la Frontera

Está como el agua de claro que el gobierno de Sebastián Piñera pasará a los libros de historia no sólo por ser el Presidente que celebró el Bicentenario y el primero de derecha (democrática) en cincuenta años, sino que también por ser el período dorado en el que estallaron variados problemas sociales acallados por dos décadas de democracia. Sí, es cierto, en estos años se han realizado notorios avances; sin embargo, desde 2010 siete grandes problemas (o siete grandes plagas, depende de cómo lo vea) han copado la agenda noticiosa.

Desde el punto de vista que defiendo, el gobierno de Piñera es el de los problemas. Básicamente encontramos siete, que procedo a detallar:

1.- Ambiental. Fue la gota que rebalsó el ya repleto vaso de problemas de este tipo. ¿Cómo conciliar el progreso económico  con una matriz digna de una llave de monomando, con muy poco espacio a la diversificación en un país rico en diversas fuentes de energía? ¿Cómo llevar a cabo una política de desarrollo sustentable en esta materia en un gobierno que tiene fuertes conflictos de interés con el empresariado? ¿Cómo lograr estos avances con un Ministerio que, aunque modernizado, denota una grave falta de interés en los mecanismos de consulta? Ralco, nuestra peor vergüenza energética, ha renacido en lo que va de este período.

2.- Económico. ¿Podremos alcanzar la igualdad en un sistema que de por sí es desigual? Claramente no. Sin embargo, más de algo se puede hacer con la redistribución de los frutos y repartir las cargas de quienes les va mejor como medio para nivelar hacia arriba y conseguir una sociedad más justa. Sin embargo, como siempre, una persona con dinero y poder jamás perderá. Como siempre, a quienes se le cargará el peso tributario será a las clases medias. En este sentido, una reforma tributaria siempre es necesaria, pero, ¿Cómo hacer una modificación a esta estructura que sea justa para todos los sectores en un gobierno con fuertes relaciones con el empresariado nacional y transnacional?

3.- Constitucional. La Constitución de 1980 es un atentado jurídico y la aberración legal más fuerte de toda nuestra historia. Ilegal y viciada en su origen, contradictoria, monarquista de facto, ultrapresidencialista y autoritaria, no reconoce al pueblo, la institución más poderosa de todas, por sobre las Fuerzas Armadas y de Orden y la Iglesia, el ser garantes de la institucionalidad. A pesar de las reformas que se le han hecho, no responde ni respondió nunca a nuestras necesidades. ¿Cómo cambiar la Constitución en un marco de sordera de nuestra clase política y desconfianza hacia ella?

4.- Político. Aunque en este caso el Presidente no tiene la culpa, sí tiene un grado de participación al farandulizarla y chacrear el cargo a través de sus constantes errores, frases para el bronce y actitudes que dejan bastante que desear. Es bueno que haya optado por el silencio, por cierto, pero, ¿Cómo poder resolver este problema de desconfianza hacia nuestra clase política en general si es sorda, obstinada y porfiadamente jerárquica y cupular?

5.- Social. Nuestra clase política y el gobierno en general no están respondiendo a las distintas demandas sociales, provenientes desde los más variados sectores. Sin ir más lejos, temas como la discriminación han salido a la palestra a partir de elementos que podrían no tener mayor relevancia. Es verdad, no lo negaré: cuatro años es un tiempo mínimo para resolverlo todo. Sin embargo, es suficiente para poner las primeras piedras de edificaciones sólidas provenientes de la consulta a todos los involucrados. Dejémonos, por favor, de echarle la culpa a los anteriores: eso ya es historia. Discutamos sobre las bases del presente para poder mirar decentemente a la cara al futuro.

6.- Regional. El norte, la Frontera (para el que no la ubica, la mal llamada Araucanía, pues sería la tierra “de los araucanos”), y Magallanes alzaron la voz, en pocas palabras, por lo que es justo: reclamaciones territoriales. Estas, provengan desde demandas por combustibles o por recursos de la minería, dicen relación con una mayor intervención desde el nivel central para transferir decisiones a los niveles locales. Pero, ¿Cómo poder hacerlo en un país con mentalidad centralista desde antaño? ¿Qué políticas, en específico, elaborará este gobierno para desconcentrar el país con consulta a la gente y transfiriendo poder de decisión?

7.- Estudiantil. No hay mucho que decir en este sentido pues el acontecer noticioso ha hablado en todo este tiempo. Es una lucha que no termina, que ha entrado en receso por ser verano, pero que retornará con todo este año. Sin embargo, ¿Logrará este gobierno cumplir aquel “imposible” de la educación gratuita fortaleciendo el área pública cuando su vocación es liberal ante todo? ¿Podrá el Ministro Beyer con sus millones de tecnicismos imponer un proyecto que es  en esencia, competitivo y lucrativo con derechos fundamentales del ser humano?

Todos estos problemas –y otros que podrían sumarse-, pueden ser explicativos de la realidad actual. Estamos como en una fila gigante en algún servicio público: sabemos que vamos a salir pero no conocemos cuándo. Es menester que nuestra clase política y en especial la actual administración en su tiempo restante solucione estos problemas. De no ser así la historia enseña que los finales no son todo lo bonitos que quisiéramos.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/02/13/pinera-el-gobierno-de-los-siete-problemas/