Muchos tratan de vivir con no más de 50 mil pesos al mes

ELMERCURIO.COM

La dura y desconocida vida en las nuevas comunas del país:
Los vecinos olvidados

Domingo 3 de junio de 2007

Mujeres de Alto Hospicio caminan por la comuna. La vida acá es dura, soleada y empolvada.

Alto Hospicio, Hualpén, Cholchol y Alto Biobío. Los 4 nuevos municipios repartidos por el país, que funcionan desde fines de 2004, que van ensu primer alcalde, sin edificios municipales, que deben gastar parte del escuálido presupuesto en entregar comida a sus empobrecidos vecinos y donde los funcionarios hasta deben hacer trámites en un cibercafé de alguna ciudad cercana.

RODRIGO BARRÍA REYES
Desde Alto Hospicio, Hualpén, Cholchol y Alto Biobío

ALTO HOSPICIO: El “acopio nortino” de la droga

Nueve por seis metros miden las enormes banderas chilena y municipal que flamean cuando se ingresa a territorio de Alto Hospicio, la comuna ubicada a 12 kilómetros de Iquique.

“Es para que los extranjeros que viven en Alto Hospicio sepan que están en tierra chilena”, explica el alcalde Ramón Galleguillos al dar sentido a un esfuerzo que le demanda reponer cada tres meses los estandartes debido al fuerte ventarrón que las deshilacha.

Hoy, Alto Hospicio es lugar de residencia de 70 mil habitantes y se espera que para el 2010 la población se eleve en 30 mil más.

El lugar es una ciudadela de explosivo crecimiento, instalada en una escenografía agreste, plagada de sol, desierto y con una mixtura de habitantes “sureños” provenientes de Santiago, nortinos, aimaras, colombianos, ecuatorianos, peruanos y bolivianos.

Cuando nació la comuna, el alcalde atendía sentado sobre una vieja silla blanca de plástico y su escritorio era una caja de embalaje.

Ahora, el municipio es una organización con unos 80 funcionarios y que se enorgullece hasta de entregar licencias de conducir.

Pero las complicaciones del lugar son evidentes. Con un presupuesto de 3 mil millones de pesos, la inversión por habitante ronda unos escuálidos 100 pesos.

Por eso es que las obras de avance siempre están rezagadas en pos de las ayudas sociales que se entregan a una población que apenas sobrevive con sueldos mínimos.

Así, el alcalde exhibe como orgullos comunales la recuperación de algunas plazas y los seis semáforos que ordenan el creciente tránsito.

Como sea, y pese a los avances, en Alto Hospicio aún no hay juzgado de policía local, registro civil, notaría ni cementerio.

Sí tienen dos orquestas juveniles, un supermercado y el
llamado “Establecimiento Penitenciario Hospicio”, una enorme mole de concreto en medio de la nada que cobija a buena parte de los narcotraficantes del norte del país.

No es casual este recinto penitenciario. La comuna ha sido considerada como el “acopio nortino” de la droga que se mueve en los alrededores de la frontera.

De hecho, en sus calles, en medio de casas autoconstruidas y de moradas humildes y empobrecidas, suelen levantarse disonantes construcciones claramente más elegantes que las de sus vecinos, hasta con costosos vehículos 4×4 en sus estacionamientos.

Pero quizás el problema mayor de la comuna es la basura que llega a botarse en su territorio.

Son 400 toneladas que provienen desde Iquique, más las 200 que genera Alto Hospicio. En total, 600 toneladas diarias de mugre.

En Alto Hospicio se suele comer “salchipapa” y llamo. Eso, casi siempre acompañado de fuerte música reggaeton y sound que suele salir de las casas y autos.

En la comuna las ferias de las pulgas son masivas y en ellas se encuentra de todo.

Al alcalde UDI Ramón Galleguillos no le ha quedado más que comprender la situación que enfrentan muchas vecinas.

“Tuvieron esposos que no se la pudieron, las dejaron y ahora tienen que
vivir
de algo para alimentar a sus hijos”, explica, mientras muestra con orgullo un sable de la Guerra del Pacífico que descansa en una de las paredes de su oficina.

Unas cuadras más allá de las dependencias municipales, y justo en medio de Alto Hospicio, en una suerte de “kilómetro cero” de la comuna, un monolito se encarga de recordar que en esta tierra un hombre mató a 14 muchachas de familias pobres mientras buena parte del país prefirió creer que las
jóvenes habían escapado buscando una vida mejor.

CHOLCHOL: Trámites municipales en cibercafé

Ubicado a 30 kilómetros de Temuco, Cholchol es un dibujo de las tradicionales postales de pueblo anónimo del sur del país.

Movimientos en cámara lenta, carretas tiradas por bueyes y gente apiñada esperando llena de bultos las micros rurales.

Cholchol es una suerte de asociación de las 102 comunidades mapuches repartidas en sus 428 kilómetros cuadrados. Son 10 mil habitantes, con 80% de población indígena y 40% de vecinos en la pobreza.

En Cholchol su gente apenas intenta una dura subsistencia con el comercio de sus escasas cosechas.

“Muchos tratan de vivir con no más de 50 mil pesos al mes”, aclara Luis Huirilef, el PPD edil.

La vida resulta tan dura que, desde julio a septiembre, el municipio debe gastar parte importante de su presupuesto de 1.600 millones de pesos en repartir mercadería a los vecinos para paliar en algo el hambre que se expande
durante el invierno.

Huirilef es un personaje empeñoso de 39 años, casado, 1 hijo, ex jefe en su comunidad Mulato Huenulef y con madre machi ya muerta.

En lo que va de su mandato, ha escuchado a 3.800 vecinos que han pasado por su despacho por ayuda.

Trabaja en un municipio donde, salvo su oficina, ninguna repartición tiene puertas o ventanas. Todo es abierto y expuesto. Huirilef, eso sí, comenzó de la nada con su municipio.

De hecho, a fines de 2004, debía estar atento a la esquinas de las calles Balmaceda y Lastarria. Ahí, con la ventana abierta debía salir apurado a contestar el teléfono público, el que por entonces hacía las veces de único enlace del naciente municipio.

Cholchol es una enmarañada red de 800 kilómetros de caminos de tierra. Por eso, cuando se inauguran escuálidos 2 kilómetros de rutas pavimentadas, los vecinos suelen botar lágrimas en las ceremonias.

Hoy, la comuna exhibe con orgullo 30 cuadras pavimentadas y siguen batallando contra la tierra de las rutas en que suelen moverse.

Cholchol no tiene banco, una carta puede demorar casi dos meses en llegar, internet apenas funciona a velocidad de tortuga, la señal de celulares es inestable y la celebración más importante es la del 24 de junio (año nuevo mapuche).

Sí tienen cementerio, un enorme centro de detención juvenil y recintos deportivos en donde se juega tanto fútbol como palín.

Insólito, pero en Cholchol, las mujeres constituyen una masa organizada a través de 56 diferentes agrupaciones empeñadas en llevar adelante distintos proyectos productivos.

El único dinero que genera son los 2 millones por patentes comerciales y los 37 millones por permisos de circulación. Nada más.

Las cosas siguen tan rudimentarias que, por ejemplo, los formularios que deben llenar el municipio para adquisiciones a través de ChileCompra, debe hacerlas desde un cibercafé en Temuco, hasta donde mandan a un funcionario para que el sistema no se caiga cuando están en medio del llenado de los formularios.

En Cholchol creen que su paso a mejores días está en el desarrollo del turismo indígena. Mientras tanto, Huirilef y sus vecinos se empeñan en construir el nuevo edificio de la municipalidad y en arreglar la plaza local que se inunda con cada aguacero.

ALTO BIOBÍO: Penurias bajo cero

Un día de sol en Alto Biobío es una mixtura de hermoso óleo plagado de colores y, al mismo tiempo, de falso calor que jamás llega a entibiar acá cerca de la frontera en la VIII Región.

La capital de la comuna de Alto Biobío es Ralco, un poblado de apenas unos 400 habitantes al que se llega después de 3 horas de manejo desde Concepción.

Con escasas 8 mil personas, el municipio de Alto Biobío es una inmensa extensión territorial de 2 mil kilómetros cuadrados.

Ralco será el centro, pero desde ahí existen varias comunidades pehuenches, como Butalelmum, 70 kilómetros más hacia el interior.

La municipalidad es un regadero de varias cabañas que han sido adaptadas como centro de operaciones. En cada construcción cuelga un letrero con el nombre en español y su equivalente en pehuenche. Así, la oficina alcaldicia dice “alcalde” y más abajo “meli”.

Es lógica esta necesidad bilingüe en una comuna donde el 90% de sus habitantes son indígenas.

Calentado por una estufa a leña que no para de acurrucar brasas en su interior, la oficina del edil PPD Félix Vita es un pequeño espacio de madera en cuyas paredes destaca una foto de su madre pehuenche. Desde su despacho, Vita maneja un presupuesto de escasos mil 300 millones de pesos.

Es que Alto Biobío apenas es capaz de generar recursos propios. Por ejemplo, por entrega de permisos de circulación recaudan míseros 8 millones de pesos.

En Alto Biobío no hay señal de celulares, no hay banco, taxis ni semáforos. Pero sí tienen correo, el paso fronterizo Pucón Mahuida y 8 cementerios indígenas.

Acá, hay un sistema de transporte que hace hasta mirar con cariño el Transantiago.

La micro suele partir a las 5 de la mañana desde las zonas más apartadas para llegar cerca de las 11 de la mañana a Los Ángeles.

Sin industrias, los vecinos apenas pueden sobrevivir gracias al pequeño comercio.

“Imagine la vida acá con inviernos durísimos y sin trabajos estables.
Lo que más me pide la gente es trabajo y ayuda en los entierros”, explica al alcalde.

En el Alto Biobío se come mucho tortilla, piñones, se toma mate, aseguran que tienen la mejor miel de Chile y los chivitos y corderos suelen reposar sobre las brasas.

Tienen una veintena de equipos de fútbol y el festival comunal de cada mes de febrero ya llevó a Inti-Illimani, Illapu y Los Jaivas.

“Ya no sabemos a quién más traer”, dice con aire de soberbia el edil.

HUALPÉN: El siamés menospreciado

Marcelo Rivera, el PPD alcalde de Hualpén, va con su personalidad extrovertida y su barba de un par de días explicando como maestro de historia los comienzos de su adorada comuna.

Parado en el patio de la Escuela Cristóbal Colón, un añoso y
empobrecido recinto educacional, Rivera se encarga de exponer los mundos que se enfrenta a diario en su territorio.

Separados apenas por una calle, el patio de la escuela municipal tiene al otro lado la abundancia del Colegio Sagrados Corazones, el recinto más exclusivo de la VIII Región.

“Estos son nuestros dos mundos, pues”, dice Rivera.

Adosada como siamés a Talcahuano y Concepción, la comuna de Hualpén es una enorme villa residencial de 90 mil habitantes.

El lugar nació a mediados del siglo pasado. Por entonces, era conocido como un patio trasero estigmatizado por la delincuencia. Tanto, que su apelativo más famoso fue “Hualpentajo”.

Las cosas han cambiado.

En la nueva comuna ya no hay campamentos, aunque sí mantiene su característica de lugar dormitorio para aquellos que trabajan en Talcahuano y Concepción.

Incluso, se espera que en los próximos años se instalen otros 6.500 hogares gracias a distintos proyectos inmobiliarios.

Las pobladísimas arterias de Hualpén deben aguantar 16 recorridos de micros y 8 de colectivos, el mayor número de opciones de locomoción en la región penquista.

Sus vecinos no vivirán más en la miseria, pero los sueldos que rondan los 200 mil pesos suelen rozar la pobreza.

Cierto reflejo de ello es la imagen de buena parte de la comuna, con esas rectangulares construcciones en block de 4 pisos, rodeadas más de tierra que de áreas verdes.

Hualpén es una alcaldía dinámica que tiene un santuario natural de casi 40 kilómetros cuadrados, un Club Hípico de 40 hectáreas (que pronto será vendido para proyectos inmobiliarios), casi mil millones de pesos en permisos de circulación (para un presupuesto de casi 5 mil millones de pesos), un debate presidencial entre Bachelet y Alvear el 2005, bacheletismo consagrado con el 67% de apoyo y “vecinos ilustres” como Julio César Rodríguez y el grupo rock Los Bunkers.

Anuncios