“Los pobres son como árboles de bonsái”

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“Cien mil pesos chilenos. El préstamo se devuelve en 52 cuotas semanales durante un año” 

Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz y Banquero de los Pobres: “La caridad y los subsidios de gobierno nunca resolverán la pobreza”

Domingo 23 de septiembre de 2007

Si hablamos de líderes que están cambiando el mundo, sin duda Yunus es uno de ellos. Es una personalidad en Bangladesh y nos recibe en su austera oficina, que más parece la de un simple profesor universitario que la del “gurú” del microcrédito. El banco que creó, el Grameen Bank, revolucionó el sistema financiero mundial al establecer un método para prestar a los pobres sin exigir garantía. Se forma un grupo, la gran mayoría mujeres, en que cada una recibe un pequeño préstamo individual. Por ejemplo, cien mil pesos chilenos. El préstamo se devuelve en 52 cuotas semanales durante un año. Se cobra un interés de mercado.

JOAQUÍN LAVÍN
Centro de Políticas Públicas Universidad del Desarrollo Desde Bangladesh

Son diez horas de vuelo desde Londres a Bangladesh. La pantalla que muestra el mapa de la ruta sigue avanzando. Sobrevolamos Europa oriental, Turquía, y después Irán, Irak, Pakistán y la India, para aterrizar en el país más densamente poblado del mundo y uno de los más pobres.

En Bangladesh, de los 140 millones de habitantes, el 70% vive bajo la línea de pobreza. En Dacca, la capital, una megaciudad con el doble de habitantes de Santiago y quizás un décimo de su infraestructura, el caos de tránsito es generalizado y en calles estrechas conviven los autos con miles y miles de rickshaws. La pobreza se ve en todos lados. Especialmente en los cientos de mendigos que deambulan por las calles.

La historia de Bangladesh ha sido compleja. Se independizó hace sólo 36 años, tras pertenecer a la India y a Pakistán. Poco después de la independencia, una hambruna causó más de un millón de muertos. A lo lejos se escuchan los cantos que invitan a orar en un país en que el 90% es musulmán, aunque “moderados”, según dicen los taxistas. La gente es afable y todos conocen a quien venimos a visitar.

Muhammad Yunus recuerda perfectamente sus visitas a Chile.

En un almuerzo en el BancoEstado, al que me tocó asistir como alcalde de Santiago, nos preguntó cuántos pobres hay en Chile. Tres millones. “Eso lo arreglo altiro. En Bangladesh hay 90 millones de pobres”. Cuenta que le dijo al Presidente Lagos que Chile tiene la oportunidad de ser el primer país en eliminar totalmente la pobreza.

Le comento que, según las nuevas cifras, los pobres son ahora dos millones doscientos mil. “En el futuro la pobreza va a quedar reducida a un museo. En los museos de la pobreza nuestros niños verán cómo vivían y cómo luchaban las gentes de esos tiempos. Se lo dije a Ricardo Lagos: Presidente, fije una fecha realista para terminar con la pobreza, por ejemplo el 2015 o el 2020, anúnciela, nombre un arquitecto para que diseñe el museo, elija un lugar para construirlo, hasta conversamos de la ciudad, y que sea la última persona en Chile que cruce la línea de pobreza la que inaugure ese museo”.

Yunus se apasiona, y al escucharlo imagino que ahí estará una muestra de los campamentos, de las mediaguas, de las luchas de los más pobres por sobrevivir.

“Los pobres son como árboles de bonsái”

-¿Conoce los bonsái?, me pregunta.

-Por supuesto, pero ¿qué tienen que ver con la pobreza?

-Si tomamos la semilla del árbol más alto del bosque y la ponemos en un macetero, va a crecer un árbol de medio metro, que llamamos bonsái. ¿Cuál es el problema? ¿Hay algo malo con la semilla o con el árbol? No, para nada. Es el mismo árbol y la misma semilla. El problema es que la pusimos en un macetero. Con los más pobres pasa lo mismo. Son personas igual que nosotros, con los mismos talentos y habilidades, pero están en un macetero. En este caso el macetero es la sociedad, que no les da oportunidades. Y por eso se desarrollan como “personas bonsái”. Si tuvieran las mismas oportunidades que nosotros estarían entre los árboles más altos del bosque.

-Hay mucha discusión sobre cómo enfrentar la pobreza. En Chile discutimos sobre incentivos tributarios a la caridad, más subsidios, entregarles a los pobres un cheque mensual que les complete su ingreso, subir los impuestos para que el gobierno pueda gastar más en lo social…

-Partamos por una cosa: la caridad y los subsidios del gobierno nunca resolverán la pobreza. Si el gobierno me da un cheque mensual -por ejemplo, para comprar mis alimentos-, entonces dependeré de eso. Y entonces para qué hacer el esfuerzo de gastar mis horas esforzándome y trabajando. Peor todavía, si lucho por conseguir un trabajo, a lo mejor voy a perder ese cheque de beneficios. Con eso el gobierno les está quitando a los pobres la creatividad y la iniciativa que les permite salir adelante. Para mí, la sociedad de los subsidios es como un zoológico humano.

El zoológico está lleno de animales saludables y bien alimentados. Pero el problema es que no son animales verdaderos. No están en su medio natural y perdieron sus instintos. El sistema de bienestar provoca los mismos efectos. Un zoológico humano. Quizás gente alimentada, con doctores que se preocupan de ellos. Pero el instinto humano de iniciativa, de innovación, de alcanzar metas, se les quita a las personas. Si nos dedicamos a alimentar, por ejemplo, a los 2 millones de pobres que hay en Chile, pero les quitamos todo lo demás, su iniciativa, su creatividad, sus ganas de luchar y salir adelante, ésa no es una sociedad humana. Los sistemas tienen que diseñarse para ayudar a la gente, es cierto, pero para motivarlas a salir de esa condición. Ésa es la esencia. Hoy el sistema de bienestar ha acostumbrado a los pobres a solo sobrevivir, a ser dependientes, pero no los impulsa a salir. Al contrario, los mantiene permanentemente pobres. “Lo importante es garantizar un empleo”

-¿Cuál es la verdadera salida al problema de la pobreza?

-Liberar la energía y la creatividad que está en cada ser humano. Ésa es la manera. Un economista brasileño me trató de convencer de su propuesta de un ingreso mínimo garantizado. Le dije que no estaba de acuerdo. El verdadero punto no es garantizar un ingreso mínimo. Es garantizar el empleo. Nuestra función como autoridad es encontrarle a la gente un trabajo. Prefiero, en ese caso, que el gobierno le complete el salario a la gente para que tenga un trabajo. ¿Qué tal si la empresa paga la mitad y el gobierno la otra mitad en sectores de alto desempleo?

-¿Qué tipo de subsidios aceptaría?

-En general, ninguno. Algunas veces pueden ser estrictamente necesarios para ayudar, pero tienen que ser limitados en el tiempo y decrecientes. Por ejemplo, el primer año, el 100%; después, el 80%, y en cinco años la ayuda
desaparece. Pero no creo mucho en eso, porque el problema con los subsidios es que una vez que se dan, se mete la política y es casi imposible sacarlos.

GÉNERO Y DINERO: “Las mujeres se ponen a ellas mismas en el último lugar de la lista de prioridades”

-Se dice que el problema con el microcrédito es que sirve para una parte de los pobres; es decir, sólo para aquellos que tienen talento emprendedor.

-No estoy de acuerdo. Todos tienen talentos empresariales. En todos los estratos de la sociedad. Lo que pasa es que a algunos nunca se les da la posibilidad de mostrar esta capacidad. El emprendimiento es un instinto humano natural. Para probar esto a la gente que no cree, en el Grameen Bank empezamos con un proyecto exclusivo para mendigos. Les dije, prestémosles a los mendigos. Pensaron que estaba loco. Pero también tienen capacidad empresarial. Hablamos con ellos, y les dijimos que si iban de casa en casa pidiendo, por qué no llevaban también otras cosas, como caramelos, galletas, juguetes para los niños. Nosotros les prestamos dinero para la mercadería. Les dije: denle a la gente opciones, algunos les darán limosna y otros les comprarán algo.

Hoy tenemos 100 mil mendigos en nuestro programa. Saben qué cosas vender. Saben cuando la demanda está cambiando y deben llevar otras cosas. Saben en qué casa hay que vender y en cuál hay que pedir. Diez mil ya han dejado la calle y se dedican sólo a vender. Los otros 90 mil son mendigos part time. Les prestamos 15 dólares para que compren sus cosas. Si con 15 dólares un mendigo puede dejar la calle, es increíble. Y ya han pagado más de la mitad de la deuda total.

-Vamos a la metodología del Grameen Bank. Su mayor innovación fue hacer préstamos sin exigir garantía. Esto fue una revolución en el sistema bancario. ¿Por qué cree usted que la gente paga en un sistema que se basa más que nada en la confianza?

-Por varias razones. En el sistema que creamos es muy conveniente para ellos pagar. Y es muy inconveniente no pagar. Usted conoce lo del grupo solidario. Casi todas son mujeres. Si alguien no paga, las demás mujeres tendrán que aportar la cuota de la que no pagó; si no, nadie del grupo renovará sus créditos en el futuro. Si alguien no paga, sus amigas no van a estar contentas: te seleccionamos en el grupo y ahora tú no nos cumples. Y ella no quiere perder a sus amigas. Pero la gran explicación es que por primera vez esa mujer que recibió un préstamo tiene una oportunidad. Nadie nunca antes le había dado esa cantidad de dinero. Se siente digna y no quiere perder esa oportunidad. Más allá de los servicios financieros, cuando confiamos en los pobres ellos ganan dignidad y libertad.

-¿Por qué se enfocaron en las mujeres?

-En casi todos los programas de microcrédito en el mundo, el 95% son mujeres. Para mí, la razón principal es que si la plata va a través de la mujer, llega a la familia en una mucha mayor proporción que si el dinero llega a través de los hombres. El impacto del dinero de la mujer en los niños es inmediato. En el caso de los hombres, no se ve ese impacto. La prioridad de la mujer son los niños y la casa, mejorarla, arreglarla. Ahí gasta su dinero. La lista de prioridades de los hombres es muy distinta. Quieren pasarlo bien, los amigos, el pub, entretenimientos, el juego. Su primera prioridad es él mismo. Nunca vemos que una mujer después de obtener el cheque de su sueldo se lo gaste con amigas en un bar. Pero sí se ve en muchos hombres. Las mujeres se ponen a ellas mismas en el último lugar de la lista de prioridades. Además, las mujeres pobres han desarrollado una habilidad especial para manejar recursos escasos y presupuestos reducidos.

-En Chile existe también la necesidad del segundo ingreso para reducir la vulnerabilidad de la familia.

-Efectivamente. Lo ideal es que el hombre trabaje y la mujer también, o tenga un autoempleo a través de un microcrédito.

NUEVO CAPITALISMO: “No veo contradicción entre ganar dinero y ayudar a los pobres”

-Algunos pensaban que le iban a dar el Nobel de Economía. ¿Por qué cree que le dieron el de la Paz?

-No lo sé. Pero tengo una explicación personal. Me he dedicado a combatir la pobreza. Y la pobreza es una amenaza para la paz. La pobreza sin esperanza lleva a la desesperación, y eso es caldo de cultivo del terrorismo y de la explosión social. Si vemos a los jóvenes que han crecido con la pobreza, de 16, 17 o 18 años, sin comida, sin educación, sin trabajo. Ellos están listos para cualquier cosa. Si alguien les da un arma, van y matan. No saben de qué se trata, ni cuál es la causa por la que pelean. No les importa. Y están dispuestos a poner una bomba si alguien se los pide a cambio de dinero o de lo que sea. Si un joven está bien, tiene trabajo, ¿por qué va a poner una bomba o salir a disparar? Por eso, la pobreza es una amenaza para la paz.

-¿Cuál es su teoría respecto de la evolución futura del sistema capitalista en el mundo?

-El capitalismo se presenta en términos de teoría económica de forma muy estrecha. Se ha creado un ser humano artificial que lo único que quiere sería ganar dinero. Negocios, en este esquema, significa sólo maximizar utilidades. Es verdad que ganar dinero es parte del ser humano. Pero no es todo el ser humano. El ser humano es mucho más que eso. En la teoría no se supone que tú seas una persona generosa, una persona que se preocupa por los demás, que es solidaria. Si quieres ser generoso y solidario tienes que estar fuera del mundo de los negocios y estar en el mundo de la caridad. Y en el mundo de la caridad el dinero se entrega sin recibir nada a cambio, y muchas veces se bota. Ese esquema es equivocado.

Necesitamos la otra parte de los negocios. La de los negocios sociales.

Negocios o emprendimientos que no pretenden ganar dinero ni dar dividendos, pero que quieren hacer el bien a la gente y tampoco quieren perder dinero. Y estoy seguro de que hay mucha gente en el mundo, especialmente jóvenes, dispuestos a entrar a los emprendimientos sociales. Si hay gente dispuesta a botar trillones de dólares en sus fundaciones sin conseguir nada, estoy seguro de que hay inversionistas dispuestos a entregar dinero para proyectos sociales, recibiéndolo de vuelta, aunque sin dividendos.

-¿Ve una contradicción entre ganar dinero y ayudar a los pobres? Por ejemplo, si se es dueño de un colegio.

-Para mí no hay contradicción. No creo que los que ganan plata sean demonios, y los que hacen negocios sociales sean ángeles. Todos los seres humanos somos una mezcla. En el futuro tendrá que haber una Bolsa de Comercio Social, en que se transen acciones de los emprendimientos sociales, y la gente que quiera ayudar a los pobres ponga su dinero en los emprendimientos que le parezcan mejor. A lo mejor con 10 dólares voy a comprar acciones de una empresa social. Y que las empresas sean calificadas por agencias calificadoras de negocios sociales. Escuelas, ayuda a embarazadas, limpieza de aguas servidas, empresas que descontaminan, instituciones de microcrédito, tantos emprendimientos sociales que podrían transarse en esta bolsa. Sueño con programas de MBA sociales, en las escuelas de negocios. Todo esto le daría transparencia y eficiencia a los emprendimientos sociales.

-¿El microcrédito es una idea capitalista o socialista?

-Es una idea de libre mercado. Socialista para mí significa que el gobierno trata de hacer las cosas él mismo, y yo no estoy a favor de eso. Por ejemplo, el Estado es incapaz de manejar programas de microcrédito. Está demasiado relacionado con política, o han mal acostumbrado a la gente de forma tal que no van a pagar porque piensan que todo es gratis.