El juego del miedo en Chile

La Nacion.cl

El juego del miedo

El 78% de los chilenos cree que las calles están cada día peores. Ya no se puede salir de noche ni pensar en dejar la casa deshabitada en
el verano, y hasta los más despreocupados se han comprado aunque sea un perro para vigilar el patio. La paradoja es que todo esto ocurre en uno de los países más tranquilos del planeta.

Casi el 90% de los delitos en Chile son delitos bagatela, es decir, pequeños delitos que tienen penas aflictivas menores a tres años”, dice el coordinador de la Red Chilena de Reducción del Daño y experto en seguridad ciudadana, Ibán de Rementería. Según las encuestas de victimización de la Fundación Paz Ciudadana y del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), los hechos delictivos no violentos son tres veces más frecuentes que los delitos cometidos con violencia. Esto significa que la delincuencia amenaza mucho más a las cosas que a las personas.

Sin embargo, el delito más paradigmático, continúa De Rementería, “es el robo con violencia dentro del hogar, delito que causa conmoción, como el Tila, el sicópata que violaba a sus víctimas; o el empresario uruguayo que fue asesinado frente a su familia en Reñaca. Estos hechos violentos afectan a menos del 1% de los hogares, pero son los que están presentes en los medios de comunicación.

En Chile, la situación de seguridad ciudadana es la mejor de América Latina, superior a la de Estados Unidos y similar a la europea. Los delitos más graves, los homicidios, ocurren con una frecuencia anual de cinco por cada 100 mil habitantes, lo que nos pone muy por debajo del promedio latinoamericano, de 30 por cada 100 mil habitantes.

“La mayor parte de los homicidios en Chile, al igual que las agresiones, son consecuencias de conflictos entre familiares, amigos o vecinos”, agrega De Rementería. Según un informe del FBI del 2004, el 48% de los asesinatos ocurridos en Estados Unidos correspondían a tensiones intracomunitarias, en los cuales víctimas y victimarios se conocían y tenían una relación conflictiva previa.

En Chile no existen estudios detallados sobre la relación entre el homicida y la víctima, pero, de las cifras de condenados por parricidio, infanticidio y robo con homicidio, se puede inferir que el protagonismo de los conocidos en los asesinatos es mayor que EEUU.

Entonces, la violencia relevante tiene más que ver con nuestras familias y conocidos que con ladrones ocultos en la madrugada. El 50% de los hogares en Chile ha sufrido algún evento de violencia intrafamiliar en el último año, ya sea porque el hombre le pega a la mujer o los padres a sus hijos.

En el mismo período, uno de cada diez niños ha sido golpeado por sus compañeros de curso y más de un tercio se ha peleado con otros para resolver sus asuntos. A esto se suma que dos tercios de los trabajadores sufren de acoso laboral sicológico: hostigamiento por parte de sus jefes, ley del hielo de sus compañeros, desprecio y burlas. Esta es la realidad que viven a diario los chilenos en sus casas, el colegio y el trabajo, donde pasan el 99% del tiempo.

“La mala resolución de los problemas internos de la comunidad puede terminar en agresión o, en el peor de los casos, en homicidio”, explica Ibán de Rementería. “Los principales conflictos intracomunitarios se presentan entre jóvenes y adultos; entre hombres y mujeres; entre locales y afuerinos, especialmente migrantes, y entre trabajadores estables y trabajadores precarios. Entonces, tenemos una dosis importante de violencia latente y un montón de organismos públicos y privados incapaces de aliviar estas tensiones”.

MIEDO AL OTRO

La principal paradoja que exponen las encuestas de victimización es “la distancia abismante que existe entre el miedo a ser víctima de un delito y la posibilidad real de que esto ocurra. No existe otro país en el mundo con tanto miedo injustificado como éste”, dice Mauricio Salinas, abogado, académico y secretario de la Corporación Ciudadanía y Justicia. En Chile, una persona tiene más posibilidades de morir por culpa de los fumadores que conviven con ella que de ser asesinada por un sicópata en su propia casa. Y, en la calle, los jóvenes corren más peligro de ser atropellados por un automovilista borracho que de sufrir un robo por violencia.

¿De dónde viene entonces el temor a ser víctima de un delincuente? Un estudio del PNUD concluyó que el miedo a la delincuencia no provenía de la sensación de inseguridad callejera, sino que de la sumatoria de diversos temores, “provocados por el debilitamiento de los vínculos sociales y comunitarios”. De esta manera, el temor al delito oculta otros más reales, como el miedo a enfermarse, a perder el trabajo o a la jubilación. En síntesis, la falta de seguridad humana y, peor aún, la carencia de relaciones solidarias que amortigüen esta precariedad vital.

DELITOS ABC1

Las principales víctimas del miedo irracional a la delincuencia son los jóvenes de escasos recursos, entre 15 y 25 años, porque se ha instalado el prejuicio de que ellos son los que cometen los delitos, “cuando la delincuencia es transversal a todas las clases sociales y a todas las edades”, dice Mauricio Salinas. “La diferencia está en que cada uno comete el delito que puede, no el que quiere”, agrega. Chile tiene el porcentaje más alto de gente encarcelada en Latinoamérica, después de Panamá, y casi la mitad de ella corresponde a jóvenes pobres menores de 29 años: por cada 100 mil jóvenes que gozan de su libertad, hay dos mil de escasos recursos que están presos.

“Pero quienes están en la cárcel son sólo los más débiles. Tras las rejas no se encuentran los delincuentes más hábiles, aquellos que tienen herramientas para escapar de la justicia”, agrega Salinas, mientras saca de sus archivos una serie de reportajes publicados por las revistas “Caras”, “Cosas”, “Ya” y “El Sábado” que reportean los delitos ABC1. “Cuicos flaites”, “Desenfreno adolescente” o “La taquilla del robo” son algunos de los títulos. “La diferencia es que esta prensa no pide mano dura para los hurtos ABC1, sino comprensión.

Mientras los jóvenes pobres son los patos malos, los adinerados son sólo adolescentes rebeldes”, dice Salinas. Un estudio de Paz Ciudadana publicado en 2004, sobre violencia y delincuencia juvenil, revelaba que el 14% de los escolares había robado o hurtado algo en el último año en su colegio, y no se observó ninguna diferencia significativa por nivel socioeconómico.

Pero los delitos de los jóvenes no son los que más daño hacen a la sociedad. Según un estudio del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile del año 2005, el costo económico de los delitos comunes alcanza los 300 millones de dólares, mientras que,según el Servicio de Impuestos Internos, la evasión tributaria supera los tres mil millones de dólares.

Finalmente, dice Salinas, “el espacio desmedido que ocupa la delincuencia en los medios de comunicación y en las discusiones políticas no permite que se hable de otro tema, y esa es la función del discurso de seguridad ciudadana: aplastar las críticas al sistema”.

LND


Este material ha sido tomado de un medio de prensa de libre circulación en Chile, cuyo crédito se menciona en el despacho. Los envios no representan la postura de Amnistía Internacional.

Alejandra Mujica
Coordinadora de Información Pública
________________________________________________________
Amnistía Internacional – Chile
http://www.amnistia.cl