“A las víctimas de la violencia doméstica les gusta que las maltraten”

Mitos y Realidades de la violencia doméstica

14 de octubre de 2003

Es importante la sensibilización ante el problema de la violencia doméstica. Analizar las propias ideas, prejuicios y mitos sobre la violencia, el maltratador y la víctima puede ayudar
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Mitos y realidades sobre la violencia doméstica

Mito. A las víctimas de la violencia doméstica les gusta que las maltraten.

Realidad. Las víctimas de la violencia doméstica han sido históricamente caracterizadas como mujeres masoquistas a las que les gusta ser maltratadas. Las pruebas no soportan esta teoría psicológica anacrónica.

Lo cierto es que las víctimas de la violencia doméstica buscan desesperadamente que el abuso acabe y adoptan diferentes estrategias de supervivencia, como llamar a la policía o buscar la ayuda de familiares, para que las protejan a ellas y a sus hijos.

El silencio también puede ser una estrategia de supervivencia en algunos casos. Además, soportar el maltrato para que el maltratador no ataque a los hijos puede ser una estrategia de adaptación empleada por la víctima, pero eso no significa que a la víctima le guste. En ocasiones al maltratador acusa a la víctima del abuso. Pero el agresor es siempre responsable de sus propios actos.

El abuso no es culpa de la víctima. Esta excusa suele ser utilizada con frecuencia en el contexto de los abusos sexuales y las violaciones. Por ejemplo, cuando una chica se viste de forma provocativa y es violada, con frecuencia se llama la atención sobre su forma de vestir. El agresor suele intentar utilizar la excusa de que la forma en que vestía la chica le hizo creer que buscaba sexo. Este tipo de argumentos nunca son válidos.

Mito. Las víctimas de la violencia doméstica padecen trastornos psicológicos.

Realidad. Esta caracterización de la mujer maltratada como mentalmente enferma proviene de la asunción de que las víctimas de la violencia doméstica deben estar enfermas, de lo contrario no soportarían el abuso.

Las teorías más recientes demuestran que la mujer maltratada resiste el abuso de una variedad de formas. Además, la mayoría de las víctimas de la violencia doméstica no padecen enfermedades mentales, si bien los individuos con discapacidades mentales no son ciertamente inmunes a padecer abusos de sus esposos/as o parejas.

Algunas víctimas de la violencia doméstica sufren efectos psicológicos, como trastornos de estrés postraumático o depresión, como resultado de haber sido maltratadas.

Mito. Una autoestima baja de las víctimas hace que se ven implicadas en relaciones de abuso.

Realidad. Las teorías tradicionales presuponen que los individuos con una autoestima adecuada no permitirían ser objeto de abuso por los esposos/as o las parejas sentimentales. En realidad, los estudios han demostrado que las víctimas de la violencia doméstica no comparten ninguna otra característica que ser mujeres.

La teoría de que una autoestima baja produce que las víctimas se ven implicadas en una relación de maltrato tiene poco soporte. Por el contrario, algunas víctimas pueden experimentar una reducción de su autoestima como resultado de haber sido sometidas a maltrato, puesto que los agresores con frecuencia degradan humillan y critican a las víctimas.

Mito. Las víctimas de la violencia doméstica nunca dejan a sus maltratadotes, o si lo hacen, se ven implicadas en otra relación de maltrato.

Realidad. La mayoría de las víctimas de la violencia doméstica dejan a sus maltratadotes, a menudo varias veces. Pueden ser necesarios varios intentos hasta la separación permanente puesto que el maltratador emplea la violencia, el control financiero, o las amenazas a los hijos, para hacer volver a las víctimas.

Además, la falta de apoyo por parte de amigos, familiares o profesionales, incluidos el personal de los juzgados, de la policía, asistentes sociales o miembros de la iglesia, puede hacer que la víctima vuelva.

Dado que aumenta el riesgo de más violencia tras la vuelta de la víctima, aún puede ser más difícil para las víctimas intentar volver a marcharse a causa de la ineficacia de la ayuda legal.

Las víctimas que reciben una asistencia legal apropiada en las primeras fases del maltrato tienen más posibilidades de obtener la protección y la seguridad económica que necesitan para dejar a los maltratadotes de forma permanente.

Algunas víctimas pueden verse implicadas en una nueva relación de maltrato con sus nuevas parejas, pero no existen evidencias de que la mayoría de las víctimas pasen por esta experiencia.

Mito. Los maltratadotes abusan de sus esposas o compañeras a causa del alcohol o las drogas.

Realidad. Los maltratadotes no necesitan el abuso del alcohol o las drogas para abusar de sus esposas o parejas, lo que frecuentemente se emplea como excusa. Es cierto que las drogas y el alcohol disminuyen las inhibiciones y producir un comportamiento más impredecible, de manera que el abuso de estas sustancias puede aumentar la frecuencia o la severidad de los episodios de violencia en algunos casos.

Puesto que el abuso de estas sustancias no es la causa de la violencia doméstica, el seguimiento de un programa de desintoxicación por parte del maltratador, no elimina eficazmente la violencia doméstica. Estos programas pueden ser útiles en combinación con otros programas de intervención sobre el maltratador.

Mito. Los maltratadores abusan de sus esposas o parejas porque están sometidos a estrés o están en el paro.

Realidad. El estrés o el desempleo no es causa de malos tratos. Puesto que la violencia doméstica cruza las clases socioeconómicas, la violencia doméstica no puede ser atribuida al paro o la pobreza.

Si el estrés es causa de violencia doméstica, los maltratadotes agredirían a sus jefes y compañeros de trabajo, en lugar de a sus esposas. La violencia doméstica florece porque la sociedad perdona el abuso y porque el agresor aprende que puede conseguir lo que quiere mediante el uso de la fuerza, sin hacer frente a consecuencias serias.

Mito. El cumplimiento de la ley y las respuestas judiciales, como el arresto de los maltratadotes o las órdenes de protección civiles, no son útiles.

Realidad. Existe un gran debate sobre la eficacia de acciones particulares por parte de la legislación o la justicia. La investigación sobre la utilidad del arresto judicial o las órdenes de protección civil ofrece resultados conflictivos.

La mayoría de expertos están de acuerdo, sin embargo, en que las acciones de una de las piezas del sistema solamente es eficaz cuando el resto del sistema judicial y civil también funciona, y que la mejora de los protocolos pueden reducir los homicidios relacionados con la violencia doméstica.

Así, los miembros de las fuerzas de seguridad deberían realizar detenciones y los juzgados deberían emitir órdenes e imponer sanciones para los hechos criminales.

Es importante que los maltratadotes reciban el mensaje de la comunidad de que la violencia doméstica no será tolerada y de que los sistemas de la justicia criminal y cumplimiento de la ley estarán implicados hasta que cese la violencia.

Mito. Los niños no se ven afectados cuando un padre abusa del otro.

Realidad. Los estudios demuestran que en un 50-70% de los casos en que un padre abusa del otro, el niño también es sometido a abusos físicos. Los niños también padecen deterioros emocional, cognitivo, conductual y del desarrollo como resultado de ser testigos de la violencia doméstica.

Además, algunos niños, en particular los varones, que experimentan la violencia doméstica en su casa, al crecer repiten las mismas pautas de conducta.

Mito. La violencia doméstica es irrelevante para la actitud como padre.

Realidad. Dado que los niños a menudo sufren perjuicios emocionales y físicos por vivir en hogares con violencia doméstica, ésta es extremadamente relevante para su futura actitud como padres.

Una historia de violencia doméstica puede indicar que el padre maltratador abusa física y emocionalmente de su hijo, lo mismo que del otro padre. Además, con frecuencia los maltratadotes utilizan a los hijos como rehenes para continuar controlando al otro padre.

El objetivo del maltratador es controlar a la víctima, de manera que su capacidad como padre está reducida porque el hijo no es su principal interés. Los juzgados deberían considerar los efectos del comportamiento del maltratador sobre el niño cuando determinen la custodia y el régimen de visitas.

En algunos juzgados se penaliza erróneamente a la víctima en los casos de custodia, ya que se asume que la víctima es emocionalmente inestable a causa de la violencia o a causa de que la víctima “ha dejado que hubiera violencia”.

En la mayoría de casos, los actuales estatutos de custodia reconocen que la violencia doméstica es relevante para la actitud como padre del maltratador. Se debería contemplar la violencia doméstica como un factor relevante antes de determinar la custodia o emplear una presunción de que el maltratador no debería recibir la custodia de los hijos.

Mito. La violencia doméstica sólo afecta a las mujeres y solo en las relaciones heterosexuales.

Realidad. La violencia doméstica puede afectar a cualquiera, de cualquier edad, independientemente de la raza, la religión, la identidad sexual, el nivel de educación o la clase socioeconómica. La mayoría de las víctimas de la violencia son mujeres, pero los hombres también pueden serlo.

Los adolescentes homosexuales también pueden experimentar abusos y si bien tienen que hacer frente a los mismos factores que las víctimas heterosexuales, las víctimas homosexuales tienen que enfrentarse además a los factores relacionados con el estigma asociado con su homosexualidad.

Mito. Cuando una mujer dice no, en realidad quiere decir sí.

Realidad. Muchos hombres creen que las mujeres dicen no simplemente por decirlo. Creen realmente que todas las mujeres quieren sexo con él y que su trabajo es ayudarlas a saber y a darles lo que en realidad quieren.

Pero un hombre nunca tiene derecho a ir en contra de los deseos de la mujer o de mantener relaciones sexuales sin su consentimiento. Cuando una mujer dice no, simplemente significa no.

FUENTE: Ayuntamiento de Madrid. Área de Promoción de la Igualdad y Empleo. Termómetro Mitos sobre la violencia. Madrid 2002.

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Fuente medicina21.com

Imagen twitter.com

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