Santiago de Chile revuelto en clases sociales

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Santiago revuelto

Por Por Alejandra Carmona y Carmen Sepúlveda / La Nación

En la capital han comenzado a ceder las fronteras. En Peñalolén,  Maipú, La Dehesa, Las Condes, La Reina y Huechuraba se mezclan las  clases sociales. La cosa es clara: hoy los estratos ABC1 y E incluso  pueden estar separados por una calle. Los sectores más desposeídos  aprovechan la seguridad, trabajo y estética que aportan en sus barrios  quienes tienen más que ellos. Pero algo es obvio: la integración  bonita, progre, comunitaria, que bien podría reflejar el imaginario de  Aldous Huxley, no está en el mapa.

En el 8500 de calle Grecia, cruzando Tobalaba hasta llegar a la altura  de la Municipalidad de Peñalolén, el territorio se divide en dos: al  norte las poblaciones, y al sur los nuevos condominios. En el norte  son casas autoconstruidas y ampliadas con retazos de todo tipo que  acogen a los allegados. Se escucha radio fuerte y hasta los árboles  son distintos entre una vereda y otra. Se ven pequeños comerciantes de  florerías, verduras picadas, negocios de vidrierías y comida rápida,  como la completería La Carmencita. La micro 506 del Transantiago pasa  seguido en la avenida Grecia.

Aparecen zapatillas colgadas en los  cables de la electricidad, símbolo de territorios de jóvenes  pistoleros, explican los pobladores. Un poco más abajo se asoma la  Villa Real Audiencia, formada a principios de la década de los ochenta  por un grupo de familias trasladadas desde el campamento ubicado en  Monseñor Escrivá de Balaguer. La señora Elvira es comerciante que  vende almuerzos a quienes llegan del sector de las comunas más  alejadas de la ciudad a trabajar a Peñalolén.

Es pobladora de este sector hace treinta años. Desde su negocio ve cómo se alzó uno de los  primeros conjuntos habitacionales más caros del sector: la Villa  Tobalaba. “Ahora está mucho más bonito que antes, porque había hasta  un riachuelo aquí en plena Grecia. Esto era pura chacra, ahora subimos  de categoría”, dice la señora Elvira. Guillermina Pino recuerda que  antes desde su casa veía zarzamoras, gallinas y plantaciones de  sandías y melones. Y en la actualidad tiene a vecinos de grandes casas  con tejas.

Sectores como éste, ubicado en el suroriente de la capital, están  conformando un nuevo mapa en Santiago. El sociólogo Rodrigo Salcedo,  del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Católica, dice que  al comparar el censo de 1982 con el de 1992 queda clara la reducción  de las fronteras capitalinas.

Explica que la zona de Providencia o la  industrial, cerca del río Mapocho, donde había pobres, se desplazó  hacia Las Condes, comuna con tomas y campamentos. El punto máximo de  reducción de la brecha es en la década de los ochenta. A partir de los  noventa los sectores más acomodados comienzan a ocupar espacios que  antes eran de pobres: Huechuraba, Colina, Maipú, Pudahuel.

Sin embargo, no pocos ven en esta integración social sólo una armonía  de coincidencias, más que un plan dirigido a que las clases medias,  bajas y pudientes se reúnan a compartir la vida de la ciudad, a pesar  de las barreras económicas y educacionales. “El problema es que hay  que ser más proactivos. Hay que crear lugares de encuentro, porque sin  lugares intermedios lo que aparecen son los muros. En Peñalolén hay  algunos de cinco metros entre poblaciones de distintos ingresos”, se  queja el arquitecto Alfredo Rodríguez.

LA IGLESIA Y EL SUPERMERCADO

Son propietarios de viviendas sociales de 44 metros cuadrados, pero  cruzando la calle sus vecinos llegaron a instalarse con casas de 300  metros, jardines y guardias de seguridad. Ellos quedaron enfrentados  al paisaje y cultura de la clase media acomodada recién llegada.

Cristóbal (15) vive en la Villa La Reina y cuenta que la patrona de su  mamá que es asesora del hogar “es muy buena onda”, porque cuando sale  de viaje en febrero les deja la casa para cuidarla y esas son sus  vacaciones. “Me gusta bañarme en la piscina, ver televisión por cable  y vivir por un rato en una casa grande”, reconoce sin ni una pizca de  envidia. “Lo que tienen se lo deben a su trabajo”, aclara.

En este  sector de la capital, los más humildes aseguran que no existe la  discriminación por clase y menos con la convivencia diaria. Es más,  destacan que ahora “las calles se pavimentan más rápido, hay mucha más  seguridad y la iluminación también ha mejorado”.

Los pobladores que viven hace 40 años en Villa La Reina dicen que los  lugares donde se mezclan son la iglesia, las fondas y en los nuevos  supermercados. La calle Las Perdices y avenidas más pequeñas, como  María Monvel, están resguardadas por perros de raza, guardias en autos  y sistemas de seguridad con tecnología de punta. A simple vista la  diferencia del paisaje es notable, la tierra de la población se  enfrenta a pavimentos nuevos y condominios rodeados de robusta  vegetación.

Sin embargo, los pobladores tienen un discurso común.  “Sabemos de dónde venimos y cuáles son nuestras oportunidades de salir  adelante, pero jamás hemos sentido resentimiento porque vemos que una  cuadra más arriba vivan poderosos como Clara Szczaranski, Jorge  Lavandero, Carlos Cruz, o los artistas como Jorge Hevia, que tiene una  mansión enorme”, dice Carmen Ortega, vecina de esta comunidad hace 30  años.

En septiembre se topan los autos 4×4 al final de avenida Larraín con  la gente que llega caminando; en esa fecha disfrutan todos de las  fondas. En la actualidad, el supermercado Lider, ubicado en avenida  Arrieta donde estaba la ex toma de Peñalolén , hace las veces de plaza  pública. Es otro lugar de encuentro.

EL CHORREO

Colón Oriente es una población entregada por Eduardo Frei Montalva y  que con el tiempo fue denominada como el sector de los pobres de Las  Condes. Al recorrer los pasajes de esta villa hay silencio y las casas  están cerradas, una que otra señora barre su vereda. Paul Harris, Río  Guadiana, Padre Hurtado y Colón son los límites de los dos Santiago.

Aquí cada grupo social vive su mundo, no conviven, no se relacionan.  El concepto de población se enfrenta al de condominio, pero se  comparte en las plazas, los juegos de los niños, la seguridad y el  sistema de electricidad. Es como el chorreo que reciben por estar  instalados en una comuna de gente pudiente. Mariela Zapata dice que  ella tiene la ventaja de llamar al alcalde y éste la recibe al tiro.  Sandra Alfaro coincide en que tienen buenos servicios de salud, porque  como el sector ABC1 va a las clínicas, los consultorios terminan  siendo ocupados por los habitantes de esta población, que son pocos.

VECINA DE LOS PATRONES

Aunque la mayoría de los entrevistados insisten en que no hay  diferencias, Marcela González, dueña de una casa “Chubi” en Peñalolén,  se apura en aclarar que para alguna gente de clase media, otros ricos  y gran parte de los nuevos ricos, ellos no son vistos con buenos ojos.  “Siempre están pensando que venimos a robar”, reclama. Marcela, ex  pobladora de la toma de Peñalolén, juntó poco más de 300 mil pesos  para que le entregaran su casa, y en una coincidencia su villa fue  ubicada frente a la Villa Los Olmos, de poco más de tres mil UF.

Quedó  frente a la casa de sus patrones, que le advirtieron: “Sé que se  vienen para acá, nosotros vamos a pedir que se haga una selección de  la gente que llega”, pero ella se lo tomó bien. “Se pusieron contentos  porque ahora no tendría excusas para llegar tarde”, cuenta.

Según el alcalde de Peñalolén, Claudio Orrego, su comuna es una de las  pocas de Chile con este nivel de integración. “Sé que genera roces, no  lo desconozco, pero es un ejemplo de que pueden convivir distintas  clases sociales. Es mejor aprender a vivir integrados y no segregados,  para terminar con los prejuicios. En las escuelas de fútbol se mezclan  los hijos de empresarios y pobladores, esto hace que Peñalolén sea  como un Chile chico”, dice Orrego.

El sociólogo Rodrigo Salcedo explica que se pueden observar muchos  tipos de integración. Uno de ellos es la integración social, que tiene  que ver con “entregarse a los mecanismos funcionales de la sociedad”.  Acá manda el mercado. “Vivir cerca de los ricos te entrega  oportunidades económicas”. Pero también domina el poder, y en la lucha  de clases no favorece a los más desposeídos.

“Las familias de la toma de Peñalolén consiguieron lo que querían  porque estaban unidas”, recuerda. Según el profesional, los pobres que  viven cerca de los ricos pierden poder, porque cuando tienes a cien  mil personas juntas son votos, y no así si se mezclan con otra clase  social que no tiene las mismas demandas.

Para todos los expertos, estos intentos de integración social son el  mejor camino para evitar que Santiago siga siendo una ciudad segregada  y que el conocimiento de los otros en sus distintas clases sociales es  la mejor carta de presentación de las diferentes realidades que  pueblan la capital. “Vivir integrados le hace bien a todos y el riesgo  de estallido social es mucho menor.

Los pobres ajenos son una amenaza,  pero los que viven cerca no lo son. Veo a los niños cuando van al  colegio fiscal, veo la realidad de mi nana todos los días. Sin duda le  tienen mucho más odio a los ricos quienes viven entre pobres, porque  no conocen a los ricos”, cierra Salcedo. LND

Vea el mapa

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Grupos socioeconómicos y localización de barrios

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