El misterio de Tunguska


Laszlo correteaba orgulloso por la fría estepa. Era su primera salida con su abuelo, un viejo pastor siberiano que día tras día, desde hacía ya más de 40 años, salía cada mañana con sus ovejas para que éstas reposaran tranquilas y pastaran en las colinas de Tunguska.

“Mira, Laszlo, con este tallo puedes hacer infusiones que te servirán para curarte los dolores de huesos, y con éste es con el que tu madre te hace los emplastes para cuando te caes, aplicándotelo sobre los arañazos”. Laszlo miraba absorto, con sus 7 añitos, a su abuelo, que no paraba de masticar entre sus dientes un fino brote de hierba, y despacio, se agachó para coger otro para él.

Ni Laszlo ni su abuelo vieron lo que bajaba del cielo a 11 kms./seg. Un estruendo estremecedor rasgó el cielo; sólo tuvieron el tiempo justo para levantar la vista al cielo y ver el fulgurante resplandor que iluminó todo el firmamento. Después, nada. La explosión y el fogonazo posterior arrasó más de 2.400 kilómetros cuadrados de bosque y 60.000 árboles fueron arrancados de raíz.

Era el 30 de Junio de 1908, y hoy, 100 años después, aún nadie sabe lo que ocurrió en Tunguska.

Evidentemente, ni Laszlo ni su abuelo existieron en la realidad. Pero lo que sí ocurrió fue aquel extraño suceso en Tunguska: un enorme meteorito con el tamaño de un campo de fútbol entró en nuestra atmósfera. Eran las 7 y 17 minutos de la mañana cuando a 8.000 metros de altura la roca explotó en una gran bola de fuego, con una fuerza equivalente a una bomba atómica de 12 megatones.

Una superficie igual a la de la Comunidad de Madrid prácticamente desapareció del mapa. Fue tal la sacudida que todos los sismógrafos del mundo registraron el temblor; la explosión arrojó tal cantidad de polvo al aire que éste se hizo tan espeso que la estratosfera reflejaba la luz del sol desviándola. Londres tuvo, durante varios días, noches con luz solar que le llegaba desde Tunguska.

Pero curiosamente, en 1908 nadie le prestó atención a lo ocurrido. No fue sino hasta el año 1927, con Stalin como secretario general de la Unión Soviética, cuando Leonid Kulik comenzó a investigar el extraño suceso ¿qué había ocurrido allí? no había cráter ninguno pero sí que estaba todo quemado y los arboles arrancados. Años después, en 1958, Kirill Florensky siguió la investigación y halló polvo de cometas, roca fundida y magnetita.

Sin embargo, fue en los años 70 cuando Tunguska comenzó a adquirir tintes de misterio. Visto desde el aire la zona quemada presenta una extraña forma de mariposa; además, hay signos de radioactividad similar a la que dejaría cualquier bomba atómica.

No obstante, hablamos de 1908, y en esa época, ni hay ni ha habido pruebas de que existiera ya la bomba de hidrógeno. Comenzaron a surgir los primeros rumores de que aquéllo que había estallado no era un meteorito, sino un OVNI, y aquella explosión, un desencuentro de antimateria.

Fueron muchos años de cierre soviético, de secretos y verdades ocultas, y eso había dado tiempo suficiente para que surgieran relatos y leyendas de todo tipo.

El último y más extendido entre los creyentes de estas “leyendas urbanas” es el que apoya la tesis de que había sido un experimento de Nikola Tesla, un inventor que se ha hecho famoso por sus experimentos locos, por su visión de futuro, pero también por sus rotundos fracasos a la hora de demostrarlos.

De él dicen que ya había anticipado la invención de la radio antes que Marconi; o el estudio de la corriente alterna antes que el propio Edison. Aquél de Tunguska fue otro experimento de los suyos que también salió mal; un potente aparato de rayos que se le escapó de control y estalló en la estratosfera.

No hace demasiado un grupo de científicos italianos lanzó la tesis del meteorito de baja densidad como fenómeno causante de tal devastación. Teorías, muchas teorías, pero escasas pruebas.

La verdadera cuestión es que 100 años han pasado desde aquéllo y probablemente nunca sepamos la verdad del misterio de Tunguska.

Fuente: portaldemisterios.com

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