Perfil de asesinos decapitadores: sicóticos o sicópatas

Los crímenes con decapitaciones que ocurrieron en los últimos días podrían responder a episodios  sicóticos o sicopáticos, según coinciden los sicólogos forenses Enrique Chia y Gonzalo Torrealba.

En Lolol, el anticuario Óscar López Rodríguez decapitó a la profesora santiaguina María José Reyes cuando ella  entró a su hogar con el fin de comprarle objetos para su casa de veraneo. Minutos después un carabinero lo mató cuando acudió a los llamados de auxilio de los hijos de la maestra.

En Cañete, Víctor Águila Nápoli asesinó y descuartizó por celos a Rubén Villagra Arias. Vestido con un gorro de chef desmembró a su amigo y con uno de los huesos de la mano derecha de la víctima elaboró una pipa para fumar pasta base de cocaína.

Gonzalo Torrealba, sicólogo de la Policía de Investigaciones (PDI), asegura que en Chile estos hechos son aislados, a diferencia de los que sucede en otras latitudes, como por ejemplo en Estados Unidos, donde factores culturales o ambientales incidirían en un mayor número de casos.

Torrealba fue uno de los investigadores del asesinato de Hans Pozo, un adolescente muerto en el año 2006, cuyo victimario lo descuartizó.

El experto policial explica que en criminología no existe una víctima al azar, pues el agresor tiene que percibirla como una amenaza, independientemente de si ese peligro es real o no.

También menciona que en casos como estos puede haber factores facilitadores de la agresión, como drogas, alcohol u otros.

En el caso del anticuario, los antecedentes aportados por los familiares y conocedores del asesino hablan de supuestos delirios en que mencionaba ser un elegido divino.

SICÓTICOS CONFUDEN FANTASIA Y REALIDAD

Al director del diplomado en Sicología Forense de la Universidad Católica, Enrique Chia, este último crimen le recuerda el asesinato del sacerdote Faustino Gazziero, ocurrido en el año 2004, en el interior de la Catedral Metropolitana. Allí el atacante acuchilló al religioso, impulsado por voces que escuchaba interiormente.

En opinión del académico, es necesario distinguir entre sicosis y sicopatía. Mientras en el primer cuadro se trata de personas que confunden sus fantasías con la realidad; en el segundo, son sujetos con pleno dominio de sus actos.

“El sicótico cree que aquello que pasa en su mente es lo real. Entonces, si cree que Dios le está hablando, para él eso es real y no una idea loca”, describe Chia.

Un indicador que podría servir de alerta en estos casos es que existe un período de incubación durante el cual el afectado se comporta de manera extraña. “Se aísla, se viste raro, habla cosas que antes no hablaba. Son cambios absolutamente apreciables”, grafica.

Según Chía, el porcentaje de sicosis es de apenas un 5% y, de esa cantidad, los que podrían llegar a  cometer un delito es una cifra aún menor.

SICÓPATA SE CREEN SUPERIORES A LOS DEMÁS

En cambio, la sicopatía es un trastorno de la personalidad y, en términos generales, se trata de gente atractiva y seductora socialmente, que tras esa fachada ocultan características egocéntricas, manipuladoras y dominantes. Esos elementos, en su forma extrema, corresponden al delincuente violento.

“La respuesta clásica del sicópata es: hago esto porque soy mejor que los demás, porque no me van a pillar, porque soy superior y los tengo dominados”, relata el profesor.

A diferencia de los sicóticos, los sicópatas son más difíciles de detectar y su prevalencia es más alta.

El especialista advierte la existencia de un problema importante: Chile carece de instituciones habilitadas para tratar a quienes perpetran delitos violentos y peligrosos estando bajo los efectos de un trastorno grave.

Fuente: elmostrador.cl

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