Mi último minuto verde

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Cuando niño mi papá me dijo que yo era muy inteligente, que por ejemplo no podría ser un carabinero, porque para ser un policía había que ser tonto, puesto que hay que ser tonto para seguir órdenes sin cuestionarlas. Insistió diciendo que si yo daba un examen para ser carabinero yo no quedaría porque soy demasiado inteligente.

La palabra tonto quedó dando vueltas en mi cabeza, como la mayor desgracia de un ser humano, como la expresión sublime de la estupidez, de subyugación, de falta de libertad. Obviamente no se refería a la gente que tiene menos capacidad intelectual, sino a aquellos que teniéndola no la usan.

Llegó a tal punto lo que me marcó esa palabra, que mientras mi padre fumaba me decía: “Tú no fumes, los tontos fuman” y respecto a los que fumaban marihuana decía que eran más tontos aún.

Desde esa perspectiva siempre cuestioné cada orden, cada instrucción y cada dogma que me parecía estúpido, sin sentido o sin fundamento.

Esta forma de pararme frente a la vida me ha traido innumerables problemas; he pasado por soberbio, por arrogante, por egocéntrico, por rebelde, incluso por narcisista.

Honestamente no me arrepiento de tener esta convicción, sin embargo participamos de una sociedad donde la estupidez predomina y la jerarquía no está libre de aquello y nuestros líderes o jefes no están dispuestos a ser contrariados.

Hace pocas horas atrás pagué mi “rebeldía” o el ser consecuente con mi convicción. Fui despedido por no tolerar en ocasiones ser humillado o por no seguir instrucciones absurdas. No hice nada tan heroico tampoco, sufrí lo que supongo algunos padecen.

En lo personal lo que más me afecta no es perder un trabajo, porque no lo perdí por rendimiento, lo me afecta es no tener sentido de pertenencia en lugar ni en organización alguna, el no toparme con gente similar a mi en este aspecto ni en ningún otro.

Quizás lo que mi padre me debió decir también era justamente eso, que los tontos y los cobardes son la mayoría. Probablemente yo no sea un tonto, pero sí soy un cobarde por no atreverme hasta ahora en regir mi propio destino.

Es hora de de ser valiente, de madurar y vivir mi último minuto verde.

By Anonymous Sanctus

Imagen: muysencillo.com

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