¿Por qué las personas melancólicas son tan sensuales?

w640Retrato de Ian Curtis (fundador de Joy Division)

por Angela Barraza Risso

Cierto es que Hollywood ha hecho lo suyo en materia de establecer cánones de belleza que se han universalizado. Cierto es también que la moda dicta pauta en estereotipos de belleza y que en el mundo occidental, entre los catálogos y las pelis, nos han metido en la cabeza que para cumplir con el cánon, tenemos que ser blancos, altos, flacos, tonificados y tener una actitud sensual (en el caso de las mujeres) o ganadora (en el caso de los hombres).

Obviamente todos tenemos nuestros gustos personales que se ven más o menos influenciados por estos estereotipos y pueden variar más o menos de lo que establecen nuestras culturas; sin embargo, existen ciertas cualidades físicas o anímicas que, a lo largo de la historia, mantienen un atractivo perenne. Una de ellas, es la melancolía.

Seguramente, por nuestra naturaleza, se deben explicar las razones que vuelven esta característica, casi irresistible. Ya sea por ciertos aspectos de nuestra psicología o por preceptos culturales, esta es una emoción arquetípica, que fácilmente podemos proyectar en otra persona y quizás por eso es que nos hace click.

Esta es una característica que, a través de la historia se ha manifestado como un atractivo del orden sensual/sexual, al punto de que son muchas las pinturas y retratos que denotan la melancolía como una actitud propia de figuras que son  inmensamente atractivas.

En una primera instancia, me atrevería a decir que la vulnerabilidad juega un rol muy importante para que consideremos la melancolía como un aspecto atractivo. Para las mujeres, ver un hombre melancólico nos llama el instinto materno, nos despierta la ternura y nos llama al abrazo y al consuelo.

Por otra parte, a un hombre, una mujer melancólica y vulnerable le despierta el instinto del “salvador”, del protector y esa “caballerosidad” tan valorada antiguamente. Por todas partes, la vulnerabilidad llama a la cercanía y una cosa lleva a la otra. Totalmente.

Por otra parte, creo que la empatía es otro elemento que despierta la melancolía. Ver a un otro en una actitud contemplativa y de desamparo, nos lleva a remitirnos a nuestra propia posición y situación en el mundo. Te has fijado que, cuando uno dice: “me duele la cabeza” siempre sale un otro que dice “Uy! a mí también me ha dolido la cabeza todo el día” o aparece otro con que le duele el cuello o algo similar.

Pues esto es algo parecido, pero un poco más profundo. Cuando vemos a una persona que está experimentando un estado que tiene que ver con las dificultades de la existencia, pues nos lleva a un estado similar. Y es un “estado” que uno no comparte fácilmente con otras personas, entonces se genera una sensación de “conexión” con un otro, en un aspecto trascendental y eso suele ser muy excitante.

Otro elemento que se puede agregar a las personas melancólicas es el extravío. Esa mirada perdida llama a la curiosidad y la necesidad de exploración del otro; como si existiera un lugar o algo más importante que el aquí y el ahora que estás compartiendo con alguien melancólico y entonces vienen una necesidad por hacerlo “volver” de donde quiera que estén sus pensamientos.

Quizás eso tenga que ver con nuestra necesidad de atención y saber que no estamos siendo atendidos, puede resultar incómodo. Quizás tenga que ver con una cuota de misterio. Siendo esta otra de las cualidades que hacen que las personas melancólicas se vuelvan inmensamente atractivas, ya que la necesidad de descifrar a quien tenemos al lado es un lugar común, pero no por eso, menos cierto.

Es muy dicho de abuelita eso de: “mijita, usté tiene que ser siempre misteriosa. Cuando su marido sepa que la tiene segura, entonces va a perder el interés”. ¿O sólo mi abuela era de esa onda?

Fuente: elciudadano.cl