Cuando sientes que la adversidad irrumpe a tus puertas

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Cuando sientes que la vida se irrumpe y a tus puertas llega la adversidad, ¿cómo respondes?

Algunas personas se convierten en víctimas, culpan inmediatamente a “otros” por su tragedia. Algunas personas se cierran, sintiéndose indefensas y abrumadas. Algunas personas se enojan y lastiman a todo aquel que está cerca. Otras, sin embargo, buscan dentro de sí mismas y encuentran maneras de manejar la adversidad. Eventualmente hacen que las cosas salgan bien.

Estas personas son las que poseen verdadera fortaleza. Personas con una extraordinaria capacidad para sobrevivir a las crisis y a las extremas dificultades. Alcanzan el equilibrio emocional y se adaptan. También crecen espiritualmente a través del reto y con frecuencia logran convertir la adversidad en oportunidad, la experiencia en un don de madurez y sabiduría.

¿Pero que significa fortaleza? Tener fortaleza interior es ser capaz de transformar, por la fuerza del espíritu, “en un himno a la alegría, la cacofonía de la desesperación.” La fortaleza conlleva la capacidad de doblarse sin romperse y la capacidad de, una vez doblado, volver a enderezarse.

Por otra parte, la fortaleza nos ayuda a distanciarnos del desánimo, en cuanto realismo sin esperanza; del cinismo, incapaz de ver el rostro positivo de la realidad y de la tiranía irracional del determinismo, que parece hacernos perder la memoria de la fuerza de nuestro espíritu.

Pareciera que algunas personas nacen con una capacidad natural para sobrevivir y sobreponerse, pero la realidad es que todos necesitamos un trabajo consciente para desarrollar las actitudes que se requieren y que de hecho todos podemos poseer.

Las circunstancias son lo que son, pero nuestra forma de responder siempre es libre y no sujeta al exterior. Las experiencias más terribles de nuestras vidas, a pesar del dolor que conllevan, se convierten en las experiencias de superación y autodescubrimiento más importantes.

Las circunstancias nos confrontan, muchas veces, con nuestra impotencia, la fortaleza con nuestro potencial. Las investigaciones sobre la capacidad de fortaleza que ha realizado la psiquiatría han cambiado la forma en que se percibe al ser humano: De concebir a la persona como un ser sometido e indefenso ante sus propias fragilidades, entendidas desde la dimensión física y psicológica como carencias, se ha pasado a un modelo de promoción y crecimiento, basado en las potencialidades y los recursos del espíritu, que el ser humano tiene en sí mismo y a su alcance.

Para tener fortaleza lo primero que debemos hacer es asumir nuestro pasado con las tres condiciones que se requieren. Admitir la Verdad Aceptar responsabilidad Saber perdonar Pero más allá de esos tres requisitos, centrémonos ahora en las actitudes que todos podemos desarrollar y que nos hacen ser capaces de fortaleza ante cualquier situación.

Auto estima Autonomía Responsabilidad Humor Perdón Madurez Optimismo Espiritualidad Respecto a la auto estima recordemos aquella frase del gran poeta alemán Von Goethe: “El peor de los males que le puede suceder al hombre es que llegue a pensar mal de sí mismo.”

Tu auto estima nunca dependerá de lo que otros hagan o digan si no de que tu mismo cultives los ingredientes necesarios para sentirte y estar bien contigo mismo. Acéptate a ti mismo Valórate a ti mismo. Respétate a ti mismo. Confía en ti mismo.

Solemos pensar que por lo que nos ha acontecido, nuestra autoestima puede ser muy pobre, pero las personas que son emocionalmente abiertas no sienten vergüenza por tener o haber tenido algún problema y con sinceridad y apertura admiten su dolor.

Puedes pensar que sería más fácil creer en ti mismo si la gente te hubiera apoyado o si hubieras logrado todo lo que has querido de la vida, pero eso no es verdad. Creer en ti mismo antecede a tus logros. Creer en ti mismo es una condición de tu interioridad, es el resultado de tu compromiso contigo mismo como persona buena, como persona que está dispuesta a admitir su dolor, expresarlo y dejarlo ir.

No hay más grande destructor de la creencia en ti mismo que el reprimir tus heridas y el contaminar tu autoestima con mensajes negativos de culpabilidad.

El amor es una poderosa fuerza que sana, pero primero tienes que amarte a ti mismo. El ser amado por otras personas no te hace creer que eres digno de amor, ya que la auto-aceptación y la paz interior son tu exclusiva responsabilidad.

Cuando realmente lo piensas no estás menos solo cuando alguien te ama que cuando no. Así como tu vacío puede algunas veces llenarse a través de otra persona, eso es sólo momentáneo. Cuando el amor de esa persona no está presente tendrás que seguir manejando tu vacío.

Amarte a ti mismo será entonces uno de tus mejores antídotos contra la solitariedad. Puedes vivir tu vida sin el amor de otro pero no puedes sobrevivir con alegría si no te amas a ti mismo.

El espacio de soledad dentro de ti no se llena al recibir amor, sino al darlo y para eso debes tenerlo dentro de ti. La persona con una sana autoestima y habiendo establecido con claridad sus límites, es una persona autónoma.

Hemos sido creados libres, pero en muchos casos renunciamos a la libertad por mantener situaciones que supuestamente nos generan seguridad. La libertad del hombre incluye la libertad para tomar postura ante lo que le ocurre, para enfrentarse a sí mismo y con ello poder distanciarse de sí mismo.

Esta libertad incluye las facultades que nos singularizan como seres humanos: Imaginación. La capacidad para ejercer creatividad con nuestras mentes, yendo más allá de la realidad presente. Conciencia ética.

La profunda percepción interior de lo que es correcto o incorrecto, de los valores que gobiernan nuestra conducta y de la medida en que nuestros pensamientos y acciones están en armonía con esos valores. Voluntad de sentido. Lo contrario a la indiferencia. El compromiso con sí mismo y con “el otro”.

El escuchar la voz de la conciencia y ejecutarla, asumir la verdadera libertad de responsabilizarnos nosotros mismos por nuestra propia experiencia y darle significado. Todos tenemos la capacidad para hacernos cargo de nuestros problemas.

La libertad nos da poder para ejercer influencia y ser proactivos. Esto nos lleva a la actitud de la responsabilidad. Existen muchas maneras de definir lo que es la responsabilidad, ya que en la misma palabra encontramos una muy clara alusión a nuestra capacidad para dar respuestas, a nuestra habilidad para responder ante los retos de la vida.

Yo me permito compartir, lo que a raíz de mi experiencia, significa la palabra y el concepto desde una perspectiva más holística. Responsabilidad: Capacidad de compromiso para guiar nuestras acciones a través de los principios y valores universales que favorecen y sostienen la vida y que hacen posible la convivencia de los seres humanos, entre sí y con su entorno.

Las personas con fortaleza reconocen su habilidad para responder, no dicen que su conducta es la consecuencia de los condicionamientos o las circunstancias. Su conducta es el producto de su propia elección consciente, que se basa además en valores.

La vida nos confronta constantemente con nuevos retos a los cuales les respondemos con la vida misma. Damos respuesta siendo responsables, tomando decisiones. Lo más importante es que esto nos lleva a aceptar responsabilidad por el papel que desempeñamos en los problemas, en vez de culpar a los demás.

Puede parecer difícil e injusto, pero: Si asumes responsabilidad por todo en tu vida, obtienes el poder de cambiarlo. Si realmente trabajas por tu propio destino, no importa mucho cuanto tengas que trabajar. Trabajar duro para lograr un sueño o para definirte a ti mismo es un gran privilegio.

Cuando tu trabajo te conecta a otros, te da un sentido de propósito que te autotrasciende. Cuando das generosamente de tus talentos, que son únicos, desarrollas una creencia profunda en lo bueno y valioso del mundo.

Esta satisfacción te lleva a la vez a cumplir responsablemente tu misión. Bien decía Víctor Frankl: “Sabemos que si existe algo que realmente permite a los hombres mantenerse en pie en las peores circunstancias y condiciones interiores, afrontando así los poderes del tiempo que a los débiles les parecen tan fuertes y fatales, es precisamente el saber a donde va, el sentimiento de tener una misión”.

Ser responsables es lo que verdaderamente nos hace libres para realizar nuestra misión y lo que nos ayuda a descubrir los recursos de nuestro espíritu. Otra actitud importante para la fortaleza es el HUMOR y el saber jugar. A las personas con fortaleza se les reconoce por ser directas y poseer la capacidad de reírse de ellos mismos.

¿Tienes tu sentido del humor? Un antiguo proverbio holandés nos dice que: “El sentido del humor es el patio de recreo de la inteligencia”. Quien logra reírse de sí mismo ganará en libertad interior y fuerza. Con el humor se dinamiza el potencial humano en situaciones límite.

Las personas con fortaleza disfrutan de lo que hacen, les gusta experimentar, no pierden su capacidad de asombro, tienen una curiosidad de niños, les gusta jugar y reírse. William James nos obliga a reflexionar sobre la importancia de nuestro ánimo cuando pregunta: “¿Es que estamos tristes por los malestares que nos ocurren o es que nos ocurren esos malestares porque estamos tristes?”.

Por otra parte, para dejar atrás muchas de nuestras tristezas, necesitamos la sana actitud de saber perdonar. Perdonar significa dejar ir de las heridas para recobrar la libertad y crear la paz de nuestro interior. Sin el perdón no podremos crecer, no sabremos superar la adversidad, no lograremos adquirir fortaleza.

Las personas con frecuencia mantienen su dolor vivo para demostrarle al mundo lo mal que han sido tratados y se dañan mucho más a ellos mismos al hacerlo, debilitándose cada vez más. No puedes corregir o modificar lo que ya te han hecho, no puedes cambiar lo que ya hiciste.

Necesitas perdonar a las personas que te lo hicieron y saber perdonarte a ti mismo también. El perdón nos ayuda a aprender de todas nuestras experiencias en vez de perdernos en lamentaciones o en la amargura por lo injusta que puede ser la vida.

Deja ir, perdona y sigue adelante. Una actitud de madurez influye en nuestra capacidad de perdonar y es indispensable para nuestra fortaleza. La madurez nos exige: Apreciar la relatividad de las situaciones. Tomar perspectiva histórica. Tolerar la paradoja.

Esencial a la madurez es la capacidad de comprender que otros pueden haber sufrido mucho más y han sobrevivido. Esencial para la madurez es la convicción realista de que “esto también pasará”, como ya han pasado y quedado atrás tantas otras cosas.

Esencial para la madurez es aprender a vivir con las contradicciones y la realidad de la incertidumbre Alcanzamos estos logros cuando logramos interiorizar a la gente, a las circunstancias y cuando somos capaces de renovar nuestra esperanza.

También en ocasiones olvidamos que la adversidad, en sí misma, no causa patologías. Olvidamos que los pesares sanos duelen pero no nos enferman. El dolor produce lágrimas no pacientes. Los apoyos que nuestra madurez requiere son: Dar sentido a lo que nos ocurre.

Organizar nuestra propia historia. Comprender y dar. La persona madura reconoce su vulnerabilidad, y puesto que está involucrada en crearse una vida auténtica, no necesita aparentar lo que no es. Sabe permanecer tranquilo al admitir sus limitaciones y debilidades. Sabe envejecer con dignidad y gusta de escuchar del éxito y la felicidad de otros. Siempre está creciendo y tratando de ser mejor.

La madurez nos lleva a asumir nuestra responsabilidad, así como la inmadurez tiende siempre a exteriorizarla. Una de las actitudes que clínicamente ha demostrado ser de extrema importancia para el desarrollo de la fortaleza es la actitud optimista. Afirmaba E.E.Cummings con toda certeza que: “El sí es un mundo y en el mundo del sí viven todos los demás mundos”. Ser optimista no significa ser iluso, si no como el origen mismo de la palabra lo afirma, significa saber optimizar nuestros recursos.

A lo largo de investigaciones que han durado más de 25 años se ha logrado definir que existen cualidades diferentes entre optimistas y pesimistas que marcan la abismal diferencia en el manejo de la adversidad. Cientos de estudios han demostrado que los pesimistas se rinden más fácilmente y se deprimen con más frecuencia.

En el corazón mismo del pesimismo existe el fenómeno de la indefensión, un estado en el cual la persona piensa que nada de lo que elija hacer afecta lo que le sucede.

Tan solo de esto resulta obvio que un pesimista no podrá enfrentar situaciones adversas con fortaleza. Nuestro ser optimistas o pesimistas depende de nuestro estilo explicativo que va de la mano con el sentimiento de indefensión.

Tu forma habitual de explicarte el porqué de los malos eventos, es más que simples palabras cuando fracasas. Es un hábito del pensamiento que aprendiste en algún momento de tu vida, pero que tú puedes decidir cambiar.

Por último, la espiritualidad resulta ser, de acuerdo a buena cantidad de estudios psiquiátricos, la más importante de las actitudes de la fortaleza. Con tan sólo un poco de humildad todos podemos reconocer que en nuestro navegar por las grandes tormentas: El espíritu nos rescata de nuestras limitaciones. Nos ayuda a trascender y nos permite ver, en el espejo de nuestro corazón, la imagen de nuestro creador.

En realidad la fortaleza es el potencial espiritual que siempre puede hacer reaccionar a la conducta humana, haciéndole responder favorablemente ante las situaciones adversas.

La psicología nos reitera que debemos creer en algo superior; la familia, una ideología, algún propósito que trascienda nuestras vidas, en Dios mismo.

Durante las últimas décadas nuestra forma de vivir ha debilitado a tal grado nuestro compromiso con algo superior que nos hemos quedado desnudos ante los contratiempos ordinarios de la vida.

Pon en un solo paquete el que no crees que tu relación con Dios importe, el resquebrajamiento de tus creencias, la desilusión en tu propio país y el derrumbe de la familia. ¿Hacía donde podemos mirar para encontrar identidad, propósito y esperanza?

Cuando necesitamos un diván espiritual, miramos alrededor y vemos que todos los que pueden ser cómodos han desaparecido y que lo único que queda es “una muy pequeña e incomoda silla plegadiza:… el egoísmo.”

Ese egoísmo, desvestido de la seguridad que da el compromiso con algo superior en la vida, es un perfecto escenario para no tener fortaleza. Hoy en día parece ser que cuando el individuo confronta fracasos que no puede controlar se convierte en un ser indefenso.

La indefensión se convierte en desesperanza y se incrementa hasta llegar a la depresión. Redescubrir nuestra espiritualidad resulta urgente: Para vivir de manera auténtica y cotidiana nuestra espiritualidad lo que requerimos es: Amor autotrascendente. Esperanza optimista. Fe firme.

En el camino de la espiritualidad, el amor auto trascendente desempeña un papel prioritario. La vida que no está comprometida a algo más allá de sí misma, es en realidad una vida miserable.

Un creciente individualismo y una carencia de interés por los demás incrementa nuestra vulnerabilidad a la depresión. El ego para decirlo de otra manera, es un muy pobre sitio para encontrar sentido. ¿Cómo podemos romper los fuertes hábitos de egoísmo en nosotros y en nuestros hijos?

¡Ejercicio!, pero no físico, sino del amor, lo cual puede ser la práctica antidepresiva que realmente necesitamos y el más fuerte aliado de nuestra fortaleza. Cuando vivimos la alegría del amor entonces descubrimos y redescubrimos la esperanza.

El que vive animado por la esperanza pone su mirada en el futuro. No se detiene sólo en el presente; no vive encadenado al pasado; mira siempre hacia adelante. La esperanza introduce siempre perspectiva de futuro.

En esas palabras encontramos la descripción más autentica de una persona con fortaleza. Para muchos, aprender a superar el dolor parece algo muy difícil de lograr, y vivir con esperanza, en medio de la adversidad, parece una utopía, pero esto se debe a que vivimos en una cultura superficial que se empeña en negar el sentido profundo, más allá de las apariencias.

Por otra parte no puede existir espiritualidad sin la visión hacía, y la creencia en, algo superior, lo cual requiere de la fe Si más allá de toda investigación actual, prevalece algo a lo largo de toda la historia, en lo cual el hombre ha confiado para su navegar por las tormentas, pocos lo expresaron mejor que el emperador de Roma. “Al sentir el soplo de Dios que nos impulsa, tenemos mayor fuerza para maniobrar las velas y navegar seguros.”

La verdadera fortaleza proviene de Dios. Él es el único capaz de llenar esa soledad última del ser humano. Nada que no sea Dios nos basta. Cuando los demás nos dejan solos, cuando nos tratan injustamente, cuando lloramos, Dios es la realidad que está siempre ahí, afirmando nuestro ser, sosteniendo nuestra existencia. La felicidad es posible, lo que necesitamos es creer.

Y no te dejes llevar por aquellos que insisten que hay que ver para creer, ya que la realidad es exactamente la contraria: Hay que creer para poder ver.

Fuente: logoterapia.com.mx

Imagen: abriendonuestrointerior