9 consejos para superar una crisis de pareja

raquel2

“Y siguió sus pisadas con la esperanza de que en algún momento mirase hacia atrás, recordando día tras día aquella dulce voz que en su memoria le hablaba, aquellos ojos que mutuamente muy de cerca se miraban y aquella forma de temblar cuando ambos cuerpos se rozaban.

Y su caminar esperanzado, a la vez que roto el corazón, no dudaba en seguir adelante a pesar de los mil noes y de los mil rechazos que ya se juntaban en su inmediato pasado.

Y con millones de lágrimas iba regando sus huellas, marchitando lo que de voluntad le quedaba y jurando y perjurando que ya no volvería a perseguir más sus pasos.

Y los suyos cautivos de dolor se arrastraban entre el lodo de rumiativos pensamientos dejando cualquier atisbo de lo que en su día llamó alegremente dignidad.

Y a pesar de las infinitas promesas hechas a amigos, familiares y a su propio ser, volvía a rogar. No le importaban los resultados que le acarreaban, siempre volvía a suplicar.

Siempre que despertaba la señal de angustia desde muy adentro, esta le gritaba dominando su capacidad de control y dejándose llevar por los designios de la desesperanza.

Y su autoestima hundida y pisoteada, inmersa en el fango más oscuro y profundo abisal se escondía, abandonando a la persona que una vez la acompañó.

Desplazada por la melancolía de los recuerdos del amor roto y perdido, de la fidelidad eterna y de proyectos de futuros quebrados.

Y miró hacia atrás y pensó: ¿Qué podría haber hecho para no llegar hasta allí? Y lloró…

¿Te ha hecho reflexionar esta historia?

¿Quién no ha sufrido o ha sido testigo de una ruptura de pareja? ¿Y de las que hemos vividos o sido testigo, cuántas se dejaron llevar por la frustración o por la derrota? ¿Cuántas lucharon contra un no rotundo, contra lo inevitable de una ruptura con la esperanza de arreglar y volver al punto de retorno? ¿Qué podemos hacer para no llegar hasta aquí?

Es cierto que en muchos casos “un no” se puede arreglar; otros “noes” son para siempre, pero en algunos casos “un no” no rotundo de nuestra ex-pareja lo podemos estropear por nuestra angustia, falta de control y por querer tener una pronta respuesta; ya que puede necesitar tan solo de un tiempo para respirar.

Y es que a veces esa presión es la que empuja al otro a tomar la decisión final del “no”.

Los conflictos de pareja como cualquier conflicto de este mundo de humanos pueden tener solución.

Activar la solución requiere de compromiso y de voluntad, requiere de querer y de hacer, de ceder y de comprender.

Una ruptura puede ser la salida de uno de los miembros de la pareja a una situación que desde su punto de vista es insoportable.

Incluso en muchos casos puede ser más una toma de oxígeno que un abandono real.

La cuestión es que normalmente hay una parte activa y otra pasiva, es decir, una parte que quiere dicha separación y activa todas las medidas para que esta se dé y un parte pasiva que ni lo quiere, ni lo desea.

No por ser la parte activa de la decisión se sufre menos, ni por ser la parte pasiva es que se tenga la culpa de dicha separación.

Cuando se habla de ruptura y esta no se debe a terceras personas, hay que hacer autocrítica por mucho que nos pese, porque a pesar de haber intentado hacer las cosas bien, posiblemente en muchos casos, nos habremos equivocados, habremos juzgado y habremos provocado sin quererlo situaciones insostenibles.

¿Qué hacer?

Hay muchos consejos que se pueden dar para que estas situaciones no lleguen a un punto de no retorno como:

– No imponer sino dialogar, llegar a un consenso. Dejar de luchar por ver quién tiene la razón, sino más bien explicar nuestros motivos o lógica.

Centrarse más en el presente y no rememorar conflictos ya pasados, ni mucho menos ponerlos como ejemplos.

– Entender que es normal no estar de acuerdo con algo, viendo esto más como un reto para buscar puntos en común, que como un conflicto.

– Reforzar a nuestra pareja con detalles por los esfuerzos que hace para mejorar la relación o la convivencia.

Los pequeños detalles, un beso, un abrazo, una caricia, un cariño, una sonrisa o un momento de atención pueden llegar a ser más importantes y más potentes que las grandes acciones destinadas a congraciarnos.

– Si hemos de criticar algo que no nos gusta, mejor dirigirnos a la conducta que a la persona, es decir, mostrar lo que haya hecho que no nos gusta más que usar reproches o calificativos despectivos personales. El respeto es esencial para la buena convivencia.

– Ante las situaciones violentas tomar de manera previa y dialogada la decisión como pacto de abandonar la situación para pensar durante un buen rato y buscar formas de solución creativas al problema, y una vez ya más relajados intentar de una manera más reflexiva y paciente dialogar, comprender y ceder ambos, para ganar.

– Esforzarnos en escuchar, mirando a los ojos, intentando entender su mundo, sus vicisitudes, sus inquietudes y sus miedos

– Buscar actividades en común y retomar aquel tiempo compartido y que para ambos eran grato. Aceptar el dinamismo de la relación sin intentar ser copia de los inicios.

– Confiar y dar también un tiempo propio a la pareja, no ahogarla con llamadas o mensajes, y respetar su espacio propio. La libertad es el germen del amor verdadero.

– Y sobre todo dedícate un tiempo para ti, en donde no esté tu pareja, donde recuerdes quién eres y por qué un día esa persona se enamoró de ti. ¡Quiérete!

Albert Einstein dijo:

“La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma”

¡El amor también!

Fuente: lamenteesmaravillosa.com