Estas son las palabras más frecuentes de los condenados a muerte en sus últimos momentos

LAS PERSONAS CAPACES DE COMETER EN LA PRÁCTICA LOS ACTOS MÁS VIOLENTOS Y ATROCES SE MUESTRAN AMOROSAS –AL MENOS EN EL DISCURSO– DURANTE SUS ÚLTIMOS MOMENTOS EN LA TIERRA

Pero ya es tiempo de que nos retiremos de aquí, yo para morir, vosotros para vivir.

¿Entre vosotros y yo, quién lleva la mejor parte?

Esto es lo que nadie sabe, excepto Dios.

Platón, Apología de Sócrates

El filósofo y el condenado a muerte comparten una característica fundamental: son tanto una declaración vital como jurídica, un trámite y el momento de mayor pathos, el instante patético. Las últimas palabras que alguien dice antes de morir siempre tienen un atractivo especial donde se da cita lo mórbido y lo curioso: sentimos el irrefrenable impulso de conocerlas y escucharlas porque tal vez ahí se oculte un secreto que nos ayude a vivir, o un atisbo de lo que está más allá de la vida consciente cuando se enfrenta a su propia desaparición.

Cada año son ejecutados 35 presos en el sistema penitenciario de Estados Unidos. Es política del departamento de Justicia Criminal de Texas (jurisdicción que suma 37% del total nacional, cinco veces más ejecuciones que en los otros estados) mantener un archivo digital de las últimas declaraciones de los condenados desde 1976: 534 prisioneros.

Un análisis estadístico realizado por Priceonomics mostró que el campo semántico al que más apelan las últimas palabras de los condenados a muerte (en general por crímenes violentos) tienen que ver con el amor, el cuidado y la compasión: “amor” es la última palabra de 63% de los condenados a muerte, así como otras palabras afectuosas como “corazón” (14%), “cuidado” (11%) y “amado” (10%). Más que un monólogo o soliloquio, se trata la mayoría de las veces de mensajes dirigidos a la propia familia (donde predomina la madre, a quien se dirigen los discursos 17.6% de las veces) o a la familia de las víctimas, y en menor medida al personal de la prisión.

También destaca que de 534 prisioneros, 117 decidieron no ejercer su derecho a expresar últimas palabras. Es interesante porque, como destaca Priceonomics, nada de lo que digan podría cambiar el resultado de la sentencia ni suspender o posponer la ejecución. Son palabras, por decirlo así, “generosas”, de hombres que ya no tienen nada que perder y que se enfrentan a la inminencia de la muerte. Son personas que han cometido los crímenes más atroces, y que signan sus últimos momentos terrestres con un desesperado acceso de amor.

Fuente: pijamasurf.com

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