Dermatofagia, el trastorno psicológico que obliga a la gente a comer su piel

A veces es inocuo y otras es brutal y doloroso. Hay quienes no pueden dejar de morder su propia piel.

No se cuando me gradué de morder lápices y pasé a morder mis dedos. Quizás siempre hice las dos cosas. Los niños no piensan mucho sobre esto y yo tampoco me daba cuenta. Tampoco se da cuenta la gente que tiene dermatofagia, el no-muy-raro impulso de morder y hasta comer tu propia piel.

La mayoría de las personas que se muerden a si mismos no buscan ayuda profesional, muchos crecen y lo olvidan, a la mayoría no le causa más problemas que transformar sus dedos en un asco.

Después de meses, la piel se empieza a poner gruesa, como si se tratara de un callo.

“No es un trastorno extraño pese a la escasez de casos” escribieron los dermatólogos psicosomáticos, Michael Scott Jr y Michael Scott III (padre e hijo) escribieron sobre la condición en la revista Cutis. “Rara vez se menciona en los textos de estudio”.

Específicamente el trastorno es “un habito o compulsión neurótica por auto mutilar la piel”. Con tus propios dientes, claro.

Cuando se menciona en la literatura médica a la gente que muerde su piel (y ya paró hace tiempo) se les dice “mordedores lobo”, porque eso es exactamente lo que hacen los lobos cuando están atrapados o molestos. En su estudio los Scott utilizaron el termino “dermatofagia” porque -bueno- es más científico.

“Reportes publicados sobre la dermatofagia describen pacientes cuyo comportamiento consiste en un constante y compulsivo acto de morder o carcomer su piel, pero no comerla” escribió Panagiotis Mitropoulos en un estudio. “Estos pacientes desarrollan una corteza en su piel, no una herida, ulceración o perdida de piel”.

Mitropoulous propuso llamarla “dermatodaxia”, que significa “morder piel”.

No importa cómo lo llamemos, está claro al ver fotos de personas con este problemas que algunos sí comen pequeños pedazos de su piel.

“Es una forma de responder al estrés, un método para liberarlo” me dijo Scott III en una entrevista telefónica. “Conocemos personas que lo han hecho por 20 años y continúan con su vida. La mayoría de las veces no los desfigura”.”

Casi siempre la gente con este trastorno muerde el área cerca de sus uñas, los nudillos, brazos o “cualquier parte accesible del cuerpo”.

Y no es inocuo.

Un usuario de Reddit recientemente escribió que odia “el ardor cuando sabes que llegaste muy profundo y empiezas a sangrar”.

“A veces puede ser tanto que comienza a doler” dice Scott. “Después de repetir esta acción por meses, la piel se empieza a poner gruesa, como si se tratara de un callo, con perdida y marcas en los márgenes de la piel o sus pliegues”.

También es terrible para los folículos pilosos en el área que ha sido mordida.

Muchos casos terminan bien, como le sucedió a un joven de 15 años descrito en un artículo de Dermatología y Psicomática: “El comportamiento del joven es normal, excepto por su tenacidad, y el desempeño en el colegio era satisfactorio” dice el paper.

“En pocos meses la naturaleza de su condición le fue explicada y el joven pudo conscientemente desistir de morder sus nudillos” continua. “El joven está bajo observación y casi ha terminado con su hábito”.

Para los dermatofagistas allá afuera: todo se soluciona.

Psyched Out es una nueva serie semanal donde exploramos los pocos conocidos, y de alguna forma comunes, trastornos psicológicos.

Fuente motherboard.vice.com

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