¿La zoofilia debería ser considerada abuso sexual?

La respuesta definitiva es: sí. La bestialidad es abuso sexual.

El año pasado un grupo de granjeros de New Hampshire, Estados Unidos, protestó en contra de una ley que prohibe la bestialidad (el acto sexual entre una persona y un animal). Esto después de que saliera a la luz un video de un hombre teniendo sexo con un grupo de perros.

La pregunta es: ¿Por qué no quieren que el acto sea ilegal?

Algunos aseguraron que esa ley impediría que se realicen distintos procedimientos médicos en un animal que los necesite, pero la ley no menciona nada sobre la intervención en la salud física de un animal, de hecho, la representante demócrata que impulsó la ley aseguró que sólo pretende castigar a las personas que tengan contacto sexual con cualquier miembro de otra especie que no sea la humana. ¿Entonces cuál es el miedo que tienen los granjeros?

De acuerdo con un artículo del Independent, al menos 8 % de los hombres y 4 % de las mujeres han tenido una experiencia zoofílica, es decir, han tenido una experiencia sexual cercana con un animal (con o sin penetración), y ese número es aún más grande entre las personas que trabajan en granjas.

Asimismo, el artículo menciona que la bestialidad sucede cuando una persona no tiene otra «salida sexual». Con esto en mente –y basándonos sólo en mera especulación con base en esos datos– podemos suponer que los granjeros de New Hampshire no quieren que el gobierno haga ilegal una actividad que es bastante común dentro de sus contextos porque ellos son parte del problema.

No están conscientes de que tener sexo con animales es algo simplemente equivocado.

¿Por qué es malo?

La pregunta puede sonar estúpida, porque la respuesta parece obvia: es asqueroso. Pero no sólo es eso. Es mucho más complejo.

La zoofilia, aunque a muchos les parezca hilarante o simplemente extraña, es una condición en la que una persona se siente atraída por un animal, mientras que la bestialidad implica el acto sexual per sé.

Según el Dr. Alfred Kinsey, experto de la sexualidad humana, los animales comúnmente usados en actos de bestialidad son los perros, gatos, patos, gansos, burros y ovejas (animales de granja).

El problema principal no es que las personas encuentren placer sexual en ellos, sino en el simple hecho de realizarlo, no por asqueroso o desagradable, sino porque los animales no tienen la posibilidad de dar su consentimiento por ningún medio.

Los animales no comprenden de la misma forma que nosotros, por lo que, al verse envueltos en un acto sexual (el cual va en contra de su naturaleza) se convierten en una víctima de violación. Aunque el animal no parezca sufrir o comprender lo que le sucede, indirectamente entra en el papel de víctima.

Podríamos pensar que, como el animal no razona como nosotros, no entiende el concepto de violación; sin embargo, al no comprender tampoco el consentimiento ni la negación se compara con un pequeño infante siendo víctima de un pedófilo: no entiende lo que sucede, su cuerpo no reacciona de una forma natural y en ningún momento sabe lo que está pasando.

De igual forma que un pedófilo con los niños, el zoófilo tiene una atracción incontrolable por los animales, no obstante, esto no significa que tenga el permiso automático de aprovecharse del desconocimiento del miembro de la otra especie.

Según un análisis realizado por la Dr. Hani Miletski, algunas personas que realizaron actos de bestialidad señalaron que se sentían atraídos por el animal y otros creían que éste buscaba adentrarse en actos sexuales, sin embargo, eso no es un pretexto válido, ya que aunque exista una atracción los animales no pueden comunicar su aprobación o desaprobación.

Existen comentarios similares por parte de los pedófilos, quienes justifican sus actos como atracción en un supuesto entendimiento mutuo, cuando en realidad no existe ninguno; esas ideas nacen a partir de los efectos de la filia en la psique del individuo.

Mientras una de las dos partes involucradas no esté consciente de lo que sucede durante un acto sexual, sin importar su especie, se está llevando a cabo un acto de abuso o una violación. Es un ser vivo sin opción de elegir sometiéndose a la voluntad de un individuo que tiene completo uso de razón.

La zoofilia per sé no es abuso, ya que sólo es la inclinación sexual, al igual que la pedofilia. La bestialidad, el acto en sí, es violaciónPor ese motivo cada vez más naciones están creando leyes en contra de estas actividades.

No sólo porque son desagradables, sino porque son inmorales y representan un abuso del poder del ser humano sobre los animales; es un tipo más de maltrato que no puede ser tolerado.

No olvidemos el caso de Pony, la orangután que era vendida como prostituta en una aldea de Indonesia; una muestra clara de la falta de escrúpulos por parte de la raza humana.

Alrededor del mundo la bestialidad aún es legal. En gran parte de México, Estados Unidos y el resto de América está “permitido” tener sexo con animales, sin embargo, lentamente eso está cambiando. Los abusos que ha tenido la humanidad con el resto de las especies ha sido demasiado y llegar al aspecto sexual es simplemente inexcusable.

Por ese motivo es alarmante ver que un grupo de granjeros se pone en contra de una ley, ya que aunque afirmen que tienen un interés por el bienestar de sus animales, en realidad ocultan algo que ha sido aceptado de manera indirecta durante cientos de años y que debe llegar a su fin.

Fuente culturacolectiva.com

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