BILLY GRAHAM: EL ÍDOLO DEL VATICANO

El Vaticano siempre mira hacia el futuro y hace planes con 25, 50 ó 100 años de anticipación. Después de la Segunda Guerra Mundial, el Vaticano tenía que elegir y apoyar a un personaje de los Estados Unidos que fuera su amigo, un hombre al que ayudarían a poner en un pedestal y que fuera amado por todos.

¡De ninguna manera podía ser un Martín Lutero! Este personaje influyente debía atraer a la gente, conquistar los corazones del pueblo norteamericano y conseguir su apoyo. Sería un líder que usarían para llevar sutilmente a los evangélicos hacia los brazos del papa.

Querían encontrar a un hombre que fuera buen orador; uno con carisma que pudiera llenar estadios; uno que pudiera predicar un mensaje del evangelio, pero con indulgencia; uno que nunca atacara al Vaticano.

Por 30 años Billy Graham habló a multitudes y llegó a ser muy amado, respetado e imitado. Cuando él predicaba, la gente lo honraba y alababa. Cuando Cristo predicó, lo mataron.

A menudo leo lo que dice la Biblia: “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Stg. 4:4).

Los periódicos nunca difamaron a Billy Graham. Las revistas dijeron que era uno de los hombres más apreciados del mundo. Pero, por alguna razón, mi mente seguía percibiendo una señal de advertencia. He apreciado a Billy Graham, he orado por él y lo he apoyado. Sin embargo, sentía que algo no estaba bien.

Fuente anteelpeligrodeapartarsededios.com

 

Anuncios